El diablo estuvo en el Puente Mayor de Valladolid

El Puente Mayor, una de las estructuras históricas de Valladolid. VALLADOLID ANTIGUO

La leyenda relatada por el dramaturgo Antonio Martínez Viergol en 1892 habla sobre el pacto al que llegaron el demonio y un joven vallisoletano... con nefasto resultado.

Con todos estos días de riada y de aumento del caudal del Pisuerga a su paso por Valladolid, es inevitable poner la mirada en el Puente Mayor, aquel que une en la actualidad el Paseo de Isabel La Católica y la Avenida de Salamanca a la altura de la Avenida Gijón. Sí, y es que ese paso tiene mucha historia en la ciudad, más allá de los coches y peatones que transitan por encima, en la mayoría de casos inconscientes de la leyenda que gira en torno a ese puente.

 

Todo se remonta a 1892, año en que el poeta y dramaturgo Antonio Martínez Viergol sacó a la luz una publicación en la que se contaba una negra y oscura historia. Desde luego, poco alentadora para seguir atravesando la pasarela, ya que uno de los protagonistas es el propio diablo. ¿Cómo? Sí, sí, el mismísimo demonio.

 

La historia habla de un joven de la por aquel entonces conocida familia vallisoletana Tovar. Este se dirigía hacia la casa de su amada, la bella Flor, y debía atravesar el río en su pequeña embarcación para llegar hasta ella, pero en su camino se cruzó otro joven de la familia Reoyo, dispuesto a batirse en duelo con él en una oscura tarde noche vallisoletana. Y así fue.

 

Los dos mozos terminaron en plena pelea de espadas a un lado del caudal, hasta que finalmente fue el protagonista Tovar quien consiguió tocar de muerte a su rival, dejándole malherido en la misma orilla. Acto seguido, en medio de la lluvia, se dirigió a su barca para, al fin, poder reunirse con Flor. Pero no iba a ser tan sencillo. La meteorología se había cebado con su transporte, dejándolo inservible para llegar hasta el otro lado del Pisuerga.

 

El Puente Mayor de Valladolid, en una imagen de archivo. VALLADOLID ANTIGUO

 

Fue entonces cuando el muchacho comenzó a maldecir, soltando demonios por la boca. Casi de manera literal, porque en medio de sus quejas y menciones al diablo emergió del río, según el relato original de Martínez Viergol, la figura del innombrable formada por la espuma del agua. Una imagen terrorífica y abominable, pero que podía servirle para lograr su objetivo.

 

Entre todos los improperios y barbaridades que Tovar había alcanzado a pronunciar, se encontraba la de entregarle al diablo su alma si este le prestaba su ayuda. Y de repente, apareció. Con una sonrisa malévola, Satán creó en cuestión de segundos un puente, el Puente Mayor, para que pudiera cruzar hasta el otro lado del caudal sin necesidad de su maltrecha embarcación. Al fin tenía vía libre para llegar hasta su amada.

 

Pero lo que se encontraría en la orilla sería un destino fatídico, horrible, casi impronunciable. Flor se hallaba en el suelo, muerta, y no solo eso. Su cuerpo estaba completamente calcinado sin mayor explicación que la que hubiera podido darle el diablo, ya desaparecido. Ante semejante imagen Tovar terminó por enloquecer reconocido su error, mientras el Puente Mayor quedaba en su actual espacio como recuerdo de un día fatídico.