El Cristo Yacente se queda y procesiona en casa ante la amenaza de lluvia en Valladolid

Manuel Ángel Gorgón Recio, jefe de la IV Subinspección General del Ejército de Tierra, destacó en su discurso la necesidad de ayudar a los necesitados de todo el mundo.

La Semana Santa perfecta no existe. Así quedó claro después de que el Cristo Yacente, que iba a desfilar este Sábado Santo desde el Monasterio de San Joaquín y Santa Ana, cruzando María de Molina, Héroes de Alcázar de Toledo y Zúñiga para regresar a la Plaza Santa Ana, se tuviera que quedar en el Real Monasterio ante la posibilidad de lluvia. Al menos sí lo acabaría haciendo dentro del propio edificio, pero claro, no es lo mismo.

 

Con un palmo de narices se quedaron todos los allí congregados, a las puertas esperando a que saliera el Cristo. No demasiados, apenas doscientos vallisoletanos y turistas, toda vez que la no salida parecía una evidencia después del ligero aguacero, suficiente como para perjudicar la talla, que había comenzado a caer desde apenas tres cuartos de hora antes.

 

Así, pasadas las 20.00 horas, apenas unos minutos más tarde de la hora en la que supuestamente saldría la figura por los enormes portalones, la megafonía anunció que no había motivo para seguir ahí parado, más cuando seguía chispeando agua del cielo en las céntricas calles de Valladolid.

 

Fue entonces cuando, lejos de miradas indiscretas, los cofrades del Santo Entierro se organizaron debidamente dentro del Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana para rendir un breve y sentido homenaje al Yacente. Un breve sermón del padre en el que se destacó el “hacer virtud de la necesidad” de no salir a procesionar y un Padrenuestro, instantes antes de que los fuertes brazos alzaran hacia el techo la figura para el escueto recorrido.

 

¿Qué cuál fue? Más que suficiente para los fieles que esperaban a la puerta, donde paradójicamente había parado de llover. Las puertas se abrieron, el Cristo avanzó lo suficiente como para asomarse y que estos le vieran y, tras una plegaria, para adentro de nuevo. No se pudo hacer el habitual recorrido, pero qué menos que poder observar la talla y venerarla como merece. Sin duda, la Semana Santa perfecta no existe.

El Cristo Yacente procesionó por el interior del Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana. A.MINGUEZA
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