El Cristo de la Luz regresa entre silencio y solemnidad al Palacio de Santa Cruz

El Cristo de la Luz desfiló a medianoche frente al Palacio de Santa Cruz. A.MINGUEZA
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Cerca de un millar de personas aguantaron el envite tras la Procesión General de Valladolid para presenciar el traslado de la figura de Gregorio Fernández de nuevo a su sede.

Un silencio total de medianoche apenas roto por las campanadas que se escuchan desde el Palacio de Santa Cruz de Valladolid. Era el momento de que el Santísimo Cristo de la Luz fuera llevado de nuevo al interior del recinto, ante la atenta mirada de algo más de un millar de personas, velas en mano y boca sellada.

 

Hacía no mucho tiempo que había terminado la Procesión General, algo menos de una hora, pero era evidente que había quien tenía fuerzas todavía, o quizá devoción, para seguir el ritmo de la Semana Santa. Eso sí, siempre desde el respeto que implica el más absoluto silencio. Valladolid volvía a demostrar su devoción en estos días de Pasión.

 

Apenas alumbrado por la luz de las velas que portaban los fieles, la impresionante figura de Gregorio Fernández comenzó a desfilar por el pasillo lateral del Palacio, a hombros de los costaleros que decidieron que si nadie del público decía una sola palabra, ellos tampoco la dirían para quejarse. Con paso lento pero inexorable, el Cristo de la Luz fue avanzando metros hasta la puerta.

 

Fue allí donde, una vez en el suelo, los fieles decidieron rezar un Padre Nuestro y demandar que la Semana Santa siga presente en los corazones de todos aquellos que estaban presentes. Una vez concluidas las peticiones, el Cristo ya descansa en el lugar que le corresponde.