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El coso de Zorrilla se convierte en un laboratorio de bravura

Joselillo toreando a la cuarta vaca sobre la mano diestra. A.MINGUEZA

Luguillano y Joselillo protagonizaron un tentadero público con buenas vacas de García Jiménez. Una labor eminentemente campera que se trasladó a la plaza de toros para hacer afición. 

El tentadero de hembras es una de las faenas camperas más bonitas que encierra la tauromaquia. Es ese laboratorio de bravura del que depende en buena parte el futuro de una ganadería y, por ende, de la fiesta. Faena de pelliza, silencio, concentración y temple. Solo al alcance de unos pocos privilegiados que asistirán a esta prueba que el ganadero hace de las hembras. 

 

Si aprueban con nota, madres; de lo contrario, al matadero. La necesaria selección genética que hacen esos hombres de campo, sabios en su materia, casi como Mendel como sus guisantes. El tentadero se suele hacer en invierno, en una pequeña placita de tientas, ante muy pocos ojos y en un silencio sepulcral para que nada altere el noble arte de la selección.

 

Pero de un tiempo a esta parte, para educar, promocionar y hacer más accesible la tauromaquia, empresas, toreros y, sobre todo, ganaderos trasladan esta labor, eminentemente campera, a las plazas de toros de cualquier ciudad.

 

Es lo que sucedió este lunes de feria, donde un tentadero publico y gratuito sustituyó a las novilladas de promoción. Se tentaron cuatro vacas, excelente la cuarta, buenas las dos primeras y rajada la tercera de la ganadería de García Jiménez con la presencia de los diestros vallisoletanos David Luguillano, este año fuera de los carteles de la feria, y Joselillo, quien el sábado se enfrentará a los victorinos que regresan al coso de Zorrilla, doce años después.

 

Como tapias, en recuerdo aquellos aspirantes que acudían a las ganaderías en busca de un oportunidad, intervinieron los novilleros Javier Sánchez Díaz y José Manuel Serrano. El piquero fue Javier Bastida.

 

Luguillano dejó la impronta de su toreo agitanado, con mucho empaque y gusto, especialmente en su primera vaca. La segunda se rajó pronto, aunque el veterano diestro a base de taparla la cara la consiguió robarla algunas series; Joselillo estuvo muy correcto con su primera oponente y se rompió con la segunda, la de más calidad de las cuatro. 

 

El vallisoletano se gustó por ambos pitones, templado y largo. Muy variado en las suertes, exprimiendo hasta la última gota de bravura de la García Jiménez que duró tanto que también los dos novilleros demostraron sus maneras, especialmente al natural, donde la vaca era un regalo.

 

En definitiva, una tarde agradable con buena respuesta de público, pues la entrada era gratuita, y con muchas familias en los tendidos. La feria es ya inminente.