El conflicto palestino toma cuerpo en la Seminci con 'Degradé'

Los dos directores de 'Degradé', este lunes en la Seminci. TRIBUNA

La cinta, proyectada este lunes, buscaba narrar la vida "férrea y durísima" de Gaza.

Trece mujeres de muy diferente perfil, un salón de belleza de Gaza como metáfora de la "asfixia" de la ocupación israelí y el conflicto intrapalestino son los principales ingredientes empleados por los hermanos Nasser en la cinta 'Degreadé', que se ha proyectado este lunes en la Sección Oficial de la 60 Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci).

  

Su historia, según el relato hecho en la rueda de prensa, buscaba narrar la vida "férrea y durísima" de Gaza, "la vida natural, sin afearla ni dimensionarla", para lo que se acudió a 13 mujeres con las que romper el prototipo de mujer palestina, cuya presencia en el cine es "muy pequeña y limitada" teniendo en cuenta que son "un elemento primordial" en todas las sociedades del mundo y también en Gaza.

  

"Allí se resiste con su fortaleza, por eso hemos elegido a la mujer para narrar la vida, como un puente para narrar la vida en Gaza", explicaban los hermanos antes de insistir en que las figuras femeninas les permiten reflejar la vida de 2,5 millones de personas en Gaza, un lugar "muy pequeño y cercado", y su diversidad, para lo que hacen coincidir en el salón de belleza féminas extranjeras, de distintas clases sociales, de distinta inquietud religiosa o diferentes vidas.

 

Pero lo que sí tenían claro ambos hermanos, autores del guión, era que la elección de las intérpretes tenía que basarse en su fuerza exterior y su debilidad escondida por encima incluso de su profesionalidad: la imagen doble de potencia y debilidad interna era el requisito.

 

De este modo, juntan en el salón a su propietaria, Christina, una mujer rusa migrada a Gaza por amor, y a su hija; a una joven embarazada, a una chismosa que busca con saber de los demás dejar de pensar en lo que tiene en su propia vida; a una divorciada por los excesos religiosos de su exmarido, a la madre y la suegra de una novia a la que vuelven loca y a la otra trabajadora de la peluquería, metida en una relación sin tregua con un chico en constantes problemas.

 

Todos estos personajes, junto con otros, se van dando cita en el salón de Christina, quien comienza su tarea con una joven novia que se casa esa misma tarde mientras su ayudante Wedad aprovecha cualquier oportunidad para hablar por teléfono con Ahmad, un hombre del que no consigue alejarse y que, tras robar un león, lo coloca delante de la puerta del establecimiento.

 

Un corte de electricidad hace que los ánimos de las mujeres se caldeen a la vez que cada una comienza a mostrarse como es, que saltan temas políticos a la palestra y que, por sus comentarios, en muchos casos cargados de ironía sobre la ocupación o sobre los problemas internos de las propias formaciones palestinas, permiten conocer la realidad de Gaza, su situación y sus dificultades.

 

La complejidad de encontrar gasolina para el generador, el calor, el paso de las horas y el empeoramiento del estado de la embarazada, las diferencias de criterio de la novia con su suegra o el "coloque" de la chismosa fruto de su gusto por los estupefacientes convertirán, en un momento determinado, el salón de belleza en un campo de batalla similar al que se vive fuera y del que les separa la verja, que no llega a ser barrera suficiente para no oír los ruidos de la violencia.

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