El conductor que provocó en enero la muerte de otro en Cogeces alega que no pudo frenar por el hielo

Aunque iba bebido y había consumido droga, el imputado sostiene que se encontraba "perfectamente" para pilotar su automóvil.

El vecino de Megeces José Miguel M.M, quien el pasado mes de enero embistió por detrás con su vehículo en el término de Cogeces de Íscar la furgoneta conducida por Miguel Ángel B.Z, fallecido en el acto al salir despedido, ha reconocido hoy que esa mañana circulaba tras haber bebido y consumido droga pero ha alegado que se encontraba "perfectamente" para pilotar y que sólo la existencia de hielo en la carretera impidió que pudiera frenar a tiempo.

  

El imputado, para quien las acusaciones pública y particular solicitan, provisionalmente, cuatro y cinco años de prisión, respectivamente, deberá volver próximamente al banquillo del Juzgado de lo Penal número 4 al no haberse completado toda la prueba debido a la incomparecencia de la médico-forense, si bien la primera sesión ha permitido conocer su versión exculpatoria, según la cual la existencia de una placa de hielo a la altura del kilómetro 9,800 de la VP-1.202 le imposibilitó frenar y evitar así impactar con la furgoneta Peugeot Partner que se encontró ante sí nada más pasar un cambio de rasante.

  

Durante su declaración, José Miguel M.M, de 43 años, en declaraciones recogidas por Europa Press, ha reconocido que había estado de fiesta durante toda la noche en Íscar y que sobre las 09.40 horas del 18 de enero se dirigía con su Audi A-5 a su casa en Megeces. Aunque conducía pese a haberse tomado cinco whiskies y un par de cervezas, junto con una raya de cocaína que, según ha asegurado, había esnifado el día anterior, el acusado mantiene que se hallaba "perfecto" y que circulaba a una velocidad no superior a 90 kilómetros hora, que era la limitación fijada en esa vía.

  

Fue entonces cuando, al rebasar un cambio de rasante, se encontró ante sí con la furgoneta de la víctima, "parada o a muy poca velocidad", ya que su conductor, Miguel Ángel B.Z, de 59 años y vecino de Íscar, se disponía a tomar la desviación a su derecha en dirección a Cogeces, localidad de la que era natural y a la que se dirigía para dar de comer a unos perros de su propiedad.

  

"Frené pero había una placa de hielo y...", ha insistido José Miguel M.M, versión que entonces dio a los agentes que acudieron al escenario del siniestro pero que éstos, durante la primera sesión del juicio, han desmontado tras asegurar que esa mañana, pese a que había caído agua-nieve, el firme se hallaba únicamente mojado y obligaba a circular con precaución y a una velocidad adecuada a tal circunstancia que, como así han coincidido, no llevaba el imputado.

 

EXCESO DE VELOCIDAD Y DROGAS

  

De hecho, los agentes se han mostrado categóricos en cuanto a que José Miguel M.M. circulaba a una velocidad superior a los 90 kilómetros hora, como así atestiguarían las importantes deformaciones que presentaban las estructuras de los dos vehículos siniestrados.

  

"Las condiciones atmosféricas no eran buenas, había una curva, un cambio de rasante y claramente era necesario tomar una serie de precauciones y llevar una velocidad adecuada que no era la que llevaba el acusado", ha insistido una guardia civil que elaboró el atestado.

  

A ello, los agentes del Instituto Armado han sumado la ingesta de alcohol y drogas del acusado, a quien en el escenario del accidente se le tomó una primera muestra con un etilómetro manual que dio 0,50 miligramos de alcohol por litro de aire espirado y que tres horas y media después, tras practicarle un nuevo test en el hospital con un medidor evidencial, arrojó valores de 0,39 y 0,41. "Es muy probable que en el momento del accidente llevara 0,56 y 0,68", ha aventurado la misma funcionaria.

  

También se le practicó la prueba de saliva para detectar otras drogas-los agentes han subrayado el espíritu colaborador del acusado-que desvelaron que José Miguel M.M. había ingerido, en un espacio de entre tres y seis horas, cocaína, anfetamina y Alprazolam, un ansiolítico de tipo terapéutico que provoca un efecto contrario a las dos sustancias anteriores.

  

Aunque los responsables del atestado mantienen que la víctima no llevaba puesto el cinturón de seguridad, de ahí que el cuerpo atravesara la ventanilla trasera derecha y acabara en el arcén, el letrado de la acusación particular ha puesto en entredicho tal afirmación al plantear la posibilidad de que el fallecido, pese a llevar tal sistema de retención, saliera despedido a causa del impacto que abatió por completo su asiento.

  

En cualquier caso, un perito de la acusación particular no descarta que la muerte hubiera sido instantánea, fruto de una "latigazo cervical mortal", e incluso se ha mostrado convencido de que la muerte se hubiera producido igualmente en caso de llevar el cinturón debido a la virulencia del impacto recibido por la parte trasera de su coche.

 

"DINERO MANCHADO"

  

La viuda y los dos hijos de la víctima han comparecido en el juicio para explicar que esa mañana el fallecido se dirigía a Cogeces para alimentar a sus perros y, como así ha lamentado uno de sus vástagos, para expresar su dolor por lo ocurrido. "¡Hemos sido indemnizados en parte pero con un dinero manchado y que no vale para nada!", ha espetado un hijo de la víctima.

  

También han testificado dos empleados del servicio de limpieza del Ayuntamiento de Íscar que unos cuarenta y cinco minutos antes del siniestro coincidieron con el acusado en el bar 'El Lagar' de Íscar donde le vieron tomarse una cerveza.

  

"Habíamos estado echando sal y dentro del bar tanto nosotros como cinco o seis cazadores estábamos con abrigo, bufanda y gorro, mientras que el acusado se encontraba en mangas", ha recordado uno de los operarios, quien ha añadido que le pareció entonces que José Miguel "estaba puesto".

  

Con carácter provisional, las acusaciones pública y particular consideran al acusado autor de un delito contra la seguridad del tráfico en concurso con otro de homicidio por imprudencia, al que la segunda de ambas añade el de conducción temeraria, y solicitan penas de cuatro y cinco años de cárcel, respectivamente, junto con la retirada del carné de conducir por espacio de cuatro y diez años, por el mismo orden.

  

En concepto de responsabilidad civil, fiscal y acusación particular coinciden al solicitar 126.538 euros para la viuda, 10.544 para cada uno de los dos hijos, de 30 y 33 años, y el pago de los 2.061 euros que costó el sepelio y los 5.197 euros de los daños sufridos por el vehículo de la víctima, con responsabilidad directa de Línea Directa Aseguradora.