El Colmao de San Andrés, la magia de un bar clásico... o no tan clásico de Valladolid

Hace doce años abrió sus puertas en la calle del Párroco Domicio Cuadrado un pequeño rincón cultural sin prensa deportiva, sin televisión y plagado de objetos antiguos, todos a la venta.

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Se sirven cañas y se ponen cafés, como en cualquier otro bar de España, pero El Colmao de San Andrés no es uno más en Valladolid. Nada más entrar a la calle Párroco Domicio Cuadrado, a medio camino entre el Colegio Público Cardenal Mendoza y la calle Mantería, uno ya puede intuir desde lejos por su fachada azul que se trata de un lugar único, característico y con encanto. Acercarse un poco más supone asomarse a lo peculiar al ver luces de colores y una terraza chapada a la antigua. Y entrar ya es una invitación al relax, al ‘cultureo’ y, por qué no decirlo, a quedarse con la boca abierta.

 

Y es que no se trata de una cafetería al uso, ni mucho menos. Tazas de varias décadas de antigüedad por un lado, sombreros de época por otro. Más lejos, las sillas de madera lacada invitan a tomarse un cortado con toda la paz. Más cerca, los carteles de negocios anticuados hacen viajar en el tiempo. Y lo que es más llamativo, todo tiene una pequeña etiqueta que indica su precio. Sí, no hay cosa que no esté a la venta.

 

“Este 11 de marzo cumplimos doce años”, arranca con aire tímido la mujer del matrimonio que regenta el negocio, Maite Olmedo, antes de explicar el por qué del lugar. “La decoración era lo que teníamos en casa. En vez de gastar dinero lo trajimos de allí. Fue por no gastar mucho dinero”, casi parece excusarse. Los clientes la conocen perfectamente, a ella y a su marido Juan Bautista, y es que esta es una de las claves del Colmao; el trato cercano y de amistad con el cliente.

 

“Hace doce años estaban de moda los bares musicales. El concepto del bar de tapas era el de ajos, otro diferente. Más que innovar en decoración, que también, quisimos dar una vuelta a este tipo de bar de tapas”. Y vaya si lo consiguieron. “Hicimos un sitio acogedor donde te pudieras sentar igual a tomar una ensalada, que unas tostas, que una tapita de jamón, pero con decoración diferente a lo que era lo normal por aquel entonces”.

 

LIBROS ANTES QUE FÚTBOL

 

Pero son muchos los detalles que destapa este pequeño rincón de Valladolid cada vez que se abre el local para iniciar otra jornada mágica. Los objetos que rodean las mesas, con luces tenues, son de todo tipo, desde cubertería hasta teléfonos, pasando por cuadros o espejos. No falta de nada, y todos y cada uno de ellos tienen su historia. Muchos llegan de los viajes a Portugal o a Francia de Juan y Maite, otros los traen los propios ‘parroquianos’ del Colmao como regalo.

 

“Cada año le damos una vuelta a la decoración”, dice la dueña. Lógico, dado que cada poco tiempo llegan nuevos objetos y otros se marchan. Es como una especie de diseño mutante. “En carnaval lo decoramos una vez de estilo marinero, otra como una escuela y otra con temática de Campo Grande”, saca pecho, antes de explicar qué tipo de clientela acude al lugar.

 

“La gente es buena, tranquila, estamos muy contentos con nuestro concepto. Nunca hemos puesto fútbol ni prensa deportiva. Tenemos libros, la gente puede leer, charlar...  y siempre con la música muy bajita. Esa es otra idea que tuvimos, queríamos que la gente pudiera charlar tranquilamente. El fútbol siempre genera gritos, y aquí eso no...”, deja en el aire, antes de dejar patente que “a veces también hacemos nuestras fiestas”.

 

Eso sí, el futuro de El Colmao de San Andrés podría contener una mudanza... o no. “Estamos buscando otro lugar un poco más grande y céntrico. Tenemos en mente ampliar la venta de cosas, siempre estamos mirando, aunque aquí estamos muy contentos”. Vamos, que quizá se muevan, quizá habrán otro local y compatibilicen los dos, o quizá simplemente se quede todo como está. Esto es El Colmao de San Andrés, una continua locura.

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