El club era "poco más que una chabola" y las chicas vivían en condiciones "infrahumanas"

Tribuna de Valladolid ha tenido acceso al testimonio de alguien que conocía por dentro el local de alterne donde el domingo se produjo el asesinato de su propietario y de una de las camareras. El pequeño inmueble era insalubre y contaba con poca clientela.

El club de alterne donde se produjo el pasado domingo el asesinato de dos personas es dantesco. Alguien que lo conoce por dentro explicaba a este diario que se trata de “poco más que una chabola”. Cuenta con al menos cuatro habitaciones y unas condiciones de salubridad muy precarias. “No sé cómo podían vivir ahí dentro al menos cuatro chicas. Era infrahumano”.

 

El local de apenas medio centenar de metros cuadrados, un precario inmueble de una sola planta, contaba con un pequeño huerto en su exterior que presentaba unas condiciones muy similares. La suciedad y la dejadez se hacían patentes. El club de alterne Las Vegas está ubicado en la antigua Nacional VI, a escasos metros de la autovía A-6, lo que pudo facilitar la huida de los dos autores del doble crimen.

 

Uno de los policías que llegaron tras el tiroteo, alertados por la llamada de un ciudadano, decía que tomaron precauciones porque una de las testigos del asesinato les alertó de que los agresores aún podían estar dentro. A pesar de lo reducido del espacio, el interior del club cuenta con numerosos y pequeños habitáculos y pasillos. Cuando entraron solo se encontraron con los dos cuerpos, “aun calientes”, que sacaron al exterior para que los servicios sanitarios pudieran atenderles. Demasiado tarde, ya estaban muertos. También ayudaron a una mujer que se encontraba conmocionada por lo que había presenciado.

 

El resto de mujeres que estaban en el interior del local cuando se produjeron los hechos pudieron huir, despavoridas, campo a través. Una de ellas perdió los zapatos o al menos se los quitó para facilitar su huida. Estas mujeres, trabajadoras del club y todas ellas rumanas, están bajo custodia policial como testigos presenciales del asesinato.

 

Las pésimas condiciones del local que se puedan preciar a simple vista hace preguntarse a muchas personas cómo es posible que tuviera clientela. La misma fuente que conoce el club reconocía a este periódico que “tenían poco movimiento” tan solo “un puñado de abueletes que vienen paseando hasta aquí”, cuando a escasos kilómetros se encuentran dos clubes muy conocidos y de gran tamaño. Otra persona que paseaba por el lugar de los hechos mostraba su indignación porque las autoridades sanitarias no hubieran cerrado este “antro”.

 

Sea como fuere lo cierto es que el insalubre local ha sido testigo de la muerte de la camarera, L.M.G, de 25 años y de nacionalidad rumana, y del dueño del establecimiento, M.E.G., de 43 años, y natural de Árevalo.

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