El clan rumano dice que sus denunciantes sabían que iban a trabajar como mendigos en Valladolid

Una imagen de la vista celebrada en Valladolid.

Los miembros del clan mantienen que sus presuntas víctimas conocían que se iban a ganar la vida pidiendo a las puertas de iglesias y supermercados.

COACCIONES Y AGRESIONES

 

"Se dan todos los requisitos: hay una captación, un transporte y un acogimiento. El medio es el engaño y el fin es la explotación para ejercer la mendicidad", ha resumido la acusación pública, quien atribuye al miedo y las amenazas registradas antes del juicio la negativa de los testigos a la hora de incriminar a sus explotadores.

 

De hecho, el fiscal, apoyado en el testimonio de un agente de la Policía Nacional adscrito a la Oficina de Extranjería, ha puesto como ejemplos el hecho de que los acusados ofrecieran a sus víctimas 1.000 euros a cambio de retirar la denuncia y la reunión que el día antes de la declaración ante el juez mantuvieron ambas partes en el despacho de un abogado para que los dos mendigos modificaran su versión y atribuyeran a una pelea entre ellos mismos, a consecuencia de la ingesta de alcohol, las lesiones que presentaban días antes cuando interpusieron denuncia en comisaría.

Ha sido la versión unánime del matrimonio formado por Nelus D. y Mariana, el hijo de ambos, Marius, y un hermano del primero de los acusados, Suraj, quienes, sin embargo, podrían ser condenados cada uno de ellos a una pena de dieciséis años de prisión, tal y como ha decidido mantener finalmente el fiscal durante el juicio que ha quedado visto para sentencia en la Audiencia de Valladolid.

 

El tercero de los acusados, Suraj D, ha reconocido que en febrero de 2015 contactó en su país de origen con Luciu B. y Stefan G. y se ofreció a prestarles el importe del billete en autocar aprovechando el viaje que iba a realizar hasta Valladolid con el fin de recoger a su madre, enferma y recién separada de su padre, para volver luego con ella a Rumanía, con la salvedad de que sus compañeros de periplo, como así ha precisado, tenían muy claro desde el principio que venían para ejercer de mendigos por su cuenta.

 

"Fueron ellos los que se ofrecieron a viajar a España y sabían perfectamente que iban para mendigar a fin de mejorar su situación económica", ha insistido Suraj, quien, en declaraciones recogidas por Europa Press, ha explicado que al poco de llegar a Valladolid sus acompañantes condonaron su deuda -130 euros por billete- y que al retornar él a Rumanía quedaron alojados en un piso de su hermano Nelus situado en la calle Cádiz, en el barrio de Delicias, sin que en momento alguno fueran explotados en labores mendicantes y mucho menos que hubieran sido agredidos para que lo hicieran bajo sus órdenes.

 

Su versión ha sido corroborada por los otros tres integrantes del clan, la pareja formada por Nelus y Mariana y el hijo de ambos, Marius, quienes han relatado que tras la marcha de Suraj a Rumanía dieron cobijo y manutención durante unos días a Luciu y Stefan y más tarde a otro compatriota llamado Eugen C, hasta que el matrimonio se vio apremiado por una deuda de 2.500 en concepto del alquiler y pidieron a sus inquilinos que contribuyeran a sufragarla.

 

"Tan sólo Stefan aceptó ayudar y los otros dos se negaron y se fueron", asegura Nelus, quien apunta que a partir de entonces Luciu y Eugen -son los que denunciaron haber sido objeto de explotación -pasaron a vivir por su cuenta. El acusado, al igual que su mujer e hijo, ha negado también haber golpeado violentamente a los dos denunciantes y ha achacado sus lesiones a una pelea entre ambos con motivo de sus problemas de alcoholismo.

 

UN DENUNCIANTE NO COMPARECE Y OTRO SE DESDICE

 

Entre las dificultades del fiscal para probar los hechos se encuentran la incomparecencia del propio Luciu B -se ha sido visionado el vídeo de denuncia ante la policía- pero, sobre todo, el testimonio lleno de contradicciones de la otra supuesta víctima, Eugen, que ante el tribunal ha asegurado primero que mendigaba por voluntad propia, luego ha dado por buena la declaración incriminatoria que realizó en su día en comisaría y finalmente ha vuelto a exonerar de toda culpa a los cuatro acusados.

 

Sin embargo, el fiscal, en su alegato final, ha enmarcado el cambiante y contradictorio testimonio del testigo en el clima de "miedo" que atenaza a las víctimas de este tipo de delitos cometidos por organizaciones criminales internacionales o clanes familiares, como en el presente caso, y que en España tiene tan sólo como antecedente otro episodio enjuiciado en la Audiencia de Cádiz en 2013 y que concluyó con sentencia condenatoria para los dos inculpados.

 

"Es un delito tan poco frecuente, el de trata de seres humanos con fines de explotación para ejercer la mendicidad, que únicamente hay otro caso en España", ha reiterado el acusador público, quien ha calificado esta modalidad delictiva como "la nueva esclavitud del siglo XXI, invisible en la sociedad actual".

 

En su informe, frente a la petición absolutoria de las defensas, el fiscal considera que existe prueba más que suficiente para condenar a los cuatro imputados, uno de los cuales, Suraj, ejercía a su juicio la labor de captación de víctimas en su país de origen, cuidadosamente seleccionadas por su escasa formación y desarraigo familiar, para luego los otros tres procesados realizar una labor "coactiva" a fin de que los recién llegados a España se dedicaran a mendigar y les entregaran todo el dinero percibido.