El cigarrillo electrónico se apaga en Valladolid

Tienda de cigarrillos electrónicos cerrada en la calle Regalado de Valladolid. A.MINGUEZA

De las más de diez tiendas que abrieron en la capital cuando estos artículos se pusieron de moda casi dos años, tan solo quedan cuatro que no han echado el cierre.

TIENDAS ABIERTAS EN VALLADOLID

 

Elec-Vap:

 

Calle Soto, 7

 

Mare Vaporum:

 

Calle Montero Calvo, 2

 

Store Team:

 

Calle La Merced, 2

 

Vaposhop:

 

Calle Labradores, 43

“Uso, modo o costumbre que está en boga durante algún tiempo”, define la Real Academia Española la palabra ‘moda’. Cualquier cosa es susceptible de caer en gracia al amplio público, de manera que se llevará por las calles una curiosa vestimenta, un particular estilo de vida o se irá al local más chic de la ciudad, pero todo tiene algo en común; tan solo estará “durante algún tiempo”. Y si no que se lo digan a los cigarrillos electrónicos, que tan en boga estuvieron en su día y hoy casi agonizan, al menos en Valladolid.

 

Como muestra, un botón. De las más de diez tiendas que abrieron sus puertas hace un par de años, cuando el cigarrillo electrónico conoció su mejor momento, tan solo quedan cuatro que no han tenido que tirar la persiana abajo y despedir el negocio de manera definitiva.

 

¿Pero por qué? Las causas son varias, más allá de que simplemente pueda haber sido o no una moda. “La gente ahora compra mucho por internet, que te lo traen directo a casa, puede que realmente haya pasado de moda, el hecho de que se dijera que producía neumonía...”, dice Daniel Magaz, dueño de Mare Vaporum, uno de los cuatro supervivientes en la capital de Valladolid.

 

“La cosa ha bajado bastante desde los inicios, se quedó en menos de la mitad y ahora estamos en un periodo de estabilización, en el que se ha subido un poco”. El propio Magaz reconoce que no sabe si les queda demasiado antes de tener que clausurar el negocio, ya que apenas cubren gastos. Tiendas vacías en la calle Velardes, Atrio de Santiago o Regalado son solo tres ejemplos de testigos mudos del paso de esta moda.

 

Daniel Magaz es dueño de una de las cuatro tiendas abiertas. J.P.

 

Lo cierto es que en su día la campaña negativa, sea cierta o no, que vivieron estos distribuidores y fabricantes de cigarros electrónicos fue voraz. En los medios abarrotaron sus páginas con noticias en las que se aseguraba que no ayudaba a dejar de fumar, que podía producir neumonía y que no era tan sano como podía parecer. Desde Sanidad también se desaconsejó, saltando a la palestra los rumores de que el Gobierno tan solo quería evitar la caída de la venta de tabaco para no perder recaudación de impuestos.

 

“No hemos llegado nunca a los niveles de venta que esperábamos, la verdad. Lo justo como para cubrir gasto y en gran parte ha sido por estas campañas. El problema es que en los telediarios salen las críticas, pero no las rectificaciones de los expertos, que también han sido muchas”, explica el dueño de Mare Vaporum.

 

CAMBIOS DE CONSUMO

 

Pero más allá de que exista o no una ofensiva contra estos cigarrillos, lo cierto es que la propia evolución del cliente también ha sido un handicap a tener en cuenta. “Los consumos han cambiado una barbaridad, nosotros lo hemos notado mucho”, incide Cristina Osset, de la tienda Store Stream en la calle de La Merced, quien presume de ser “la primera que abrió en Valladolid” y a la que “no le va tan mal”.

 

“Esto evoluciona a pasos agigantados, es como los ordenadores, las tablets o las televisiones. Es electrónica y va variando. Al principio eran cigarrillos muy sencillos, ahora la gente solicita mecánicos, electrónicos, control de temperatura... Cosas muy complejas”, explica la propietaria, aliviada por ser uno de los pocos valientes que continúa la aventura que comenzó hace ya dos años. "Hay también quien no ha sabido adaptarse", expone.

 

La duda ahora es, ¿qué futuro le espera al cigarrillo electrónico? La cosa no pinta sencilla, pues el Gobierno baraja en estos instantes prohibir su uso en espacios públicos cerrados, como si de tabaco normal se tratase. “No tiene ningún sentido porque no funciona así”, dice Daniel Magaz. Pero la realidad es que incluso se está planteando esta idea a nivel europeo, por lo que las cuatro tiendas siguen a la expectativa. Todo sea por su parte para que el cigarrillo electrónico no termine de apagarse en Valladolid.