El cielo sí permite al Cristo Yacente echarse a la calle esta vez

El Cristo Yacente es portado por los cofrades de de Santo Entierro. A.MINGUEZA
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A diferencia del año pasado, cuando la lluvia obligó a procesionar dentro del Convento de San Joaquín y Santa Ana, la imagen de Gregorio Fernández desfiló ante cientos de vallisoletanos.

La Semana Santa comienza a tocar a su fin, pero la Pasión de los vallisoletanos y de los visitantes que abarrotan estos días la ciudad sigue siendo la misma. Y si no que se lo digan a la Cofradía del Santo Entierro y a la figura del Cristo Yacente, quienes congregaron en las calles adyacentes al Convento de San Joaquín y a Santa a cientos de fieles, insaciables de Semana Santa.

 

El cielo amenazaba lluvia, agua que por fortuna no terminaría de caer a diferencia del año pasado, cuando un inoportuno chaparrón puntual obligó a realizar la procesión dentro del propio convento, de manera que el amplio público se quedó sin poder rendir culto al Yacente. Pero es lo que tiene esta Semana Santa, mágica, que lleva ritmo de tenerlo todo para considerarse la mejor de los últimos años.

 

En un silencio tan solemne como el resto de las procesiones, la talla partió de la amplia Plaza para tomar María de Molina, Héroes de Alcántara y Zúñiga, ante la atenta mirada de todos los presentes mientras el alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva, y la ministra de Agricultura, Isabel García Tejerina, seguían el paso que marcaban los cofrades. Un viento frío que invitaba a la reflexión obligaba también a una pequeña penitencia personal, aunque siempre sin amago de lluvia.

 

Una vez de regreso al lugar de partida, era el momento del pequeño sermón por parte de uno de los miembros de la cofradía desde un pequeño púlpito colocado para la ocasión, en el cual se destacó “la importancia de la Semana Santa en la vida de todas las personas” y “la alegría” que esta puede transmitir a los corazones de cada uno.

 

Así, después de algo más de una hora de procesión, el Cristo Yaciente entró una vez más por las puertas del Convento para regresar a su lugar original a hombros de todos los compañeros cofrades, segundos antes de que el gentío retomara la normalidad por las calles de Valladolid y las farolas, que habían dejado huérfana de luz la zona, volvían a encenderse. La Semana Santa sigue su paso.