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El ciclón John Newman arrasa Valladolid

A.MINGUEZA
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El cantante británico cumple con su condición de estrella con un concierto lleno de vitalidad, baile, pasión, gamberrismo, y una comunión casi perfecta con un público que, antes de empezar, ya estaba entregado.


 

John Newman demostró ayer sábado 3 de septiembre en Valladolid por qué es uno de los artistas internacionales del momento. Incluso antes de que empezase a cantar ya tenía un público devoto, no solo en las primeras filas, que haría casi cualquier cosa si el británico lo pidiese. Con banderas del Reino Unido, para hacer sentir a Newman como en casa, y pancartas del estilo 'Marry me' (cásate conmigo) Valladolid recibió con cálida emoción al artista, que comenzó su acto veinte minutos más tarde de lo programado.

 

Pero esa tardanza valió la pena porque sobre el escenario no había una persona sino un ciclón. Lleno de energía, con un movimiento de piernas algo excéntrico que hacía las delicias de su parroquia (la Plaza Mayor estaba, hoy sí, abarrotada, hasta el punto de que la Policía Municipal y Protección Civil planteó un perímetro de seguridad en las calles adyacentes para regular la circulación de personas), y con una pasión inherente, John Newman se ganó incluso a quienes no le conocían, ya que se trata de un cantante enfocado a un público joven adulto.

 

De hecho con su inglés de acento británico, y sin hablar nada de español sobre las tablas, desde el primer momento Newman se acercó al público e interactuó con él. Entre los "¡guapo!" de la primera fila y los "a este tio no le entiendo ni papa" de algún señor algo alejado del escenario, lo cierto es que el cantante agradeció en su lengua nativa a la gente que acudió a verlo, mostró su amor a todo el público, y acabó el concierto abrazado literalmente a la gente de la primera fila con una bandera española enrrollada en los hombros para confirmar su complicidad.

 

Antes de eso, y antes de su gran éxito 'Love me again', el artista de la sempiterna sonrisa mostró su lado más gamberro regando con agua a su batería, a quien acabó por tirarle los platos, y subido guitarra en mano, junto con un cigarrillo, para tocar uno de sus temas más románticos.

 

El paso de John Newman por el escenario de Valladolid fue breve. Pocos minutos más de la hora, exactamente. Pero su actuación tuvo tanta fuerza, como la de un ciclón de categoría 5, que dejó al público extasiado y satisfecho de su presencia en la ciudad.