El balón parado, la kriptonita del Real Valladolid

REAL VALLADOLID

De los cinco goles encajados por el equipo de Rubi, cuatro han sido en diferentes acciones de estrategia. Además, el Pucela solo ha conseguido terminar un encuentro de seis dejando su portería a cero.

Cada vez que el Real Valladolid fuerza una falta, un córner o se encuentra en cualquier situación de potencial peligro a balón parado, Rubi se echa a temblar en la banda. Casi lo reconocía él mismo hace unos días antes del encuentro en Gijón. “Sí hay algo que me preocupa y se lo he transmitido a la plantilla. Propiciamos demasiadas faltas cerca del área”. Un mensaje que pareció no quedar muy claro para sus jugadores, que volvieron a sufrir castigo en El Molinón. Y van cuatro esta temporada.

 

Se trata, sin duda, de la kriptonita del actual Real Valladolid. Y es que de los cinco goles que ha encajado el Pucela hasta el momento, cuatro han llegado en estas jugadas de estrategia, cada uno de ellos de una manera diferente pero con mismo resultado que el anterior. Fallos de concentración que han costado puntos y que de no haberse dado bien podrían haber aupado hasta el liderato en solitario a los blanquivioletas.

 

Todo comenzó desde el primer momento en el que la Liga alzó el telón. Pese a imponerse al Mallorca, los de Rubi se llevaron el primer mazazo en este aspecto cuando Cendrós, aprovechando una defensa descolocada, perforaba por primera vez la red pucelana tras golpear un rechace a la salida de un córner. Era solo el primer síntoma de una enfermedad que comenzaba a florecer.

 

Porque en Lugo, apenas una semana después, el brote volvió a surgir. Todo parecía dispuesto para que el Valladolid se llevara un punto de Anxo Carro cuando Carlos Pita empalmaba a la perfección una falta colgada al área y adelantaba al Lugo. Pasado el minuto 80, la reacción se hizo casi imposible.

 

Siguieron para bingo la siguiente jornada los de Rubi con el penalti que transformó Soria tras la expulsión de Varas ante el Racing, aunque las dos siguientes semanas hubo un pequeño paréntesis que se trató simplemente de un amago de recuperación. En el viaje a Alcorcón, los de Rubi consiguieron escapar sin recibir ningún ‘puñetazo’ –el único encuentro en el que no se han encajado goles- y frente al Tenerife, el gol visitante llegó de jugada que culminó Uli Dávila, ya con el choque visto para sentencia.

 

Hasta este domingo. El entrenador pucelano parecía haber taponado el problema, o los jugadores haberse enterado de que en Segunda uno no puede permitirse tantas idas al cielo a la hora de defender el balón parado. Pero no.

 

Y lo peor es que en este caso tuvo consecuencias graves; un liderato que se alejaba volando de El Molinón con rumbo a Las Palmas, a la misma velocidad que Miguel Ángel Guerrero recogía el balón de las redes de Javi Varas para buscar el segundo antes de que concluyera el encuentro. La defensa del Pucela pagaba caro el no haber defendido correctamente una situación a balón parado. Otra más.