El autor del crimen de la Alcoholera asegura que se defendió "muerto de pánico"

Afirma que no avisó a la policía porque tenía miedo del padre de la víctima, que trafica en la cárcel y ha puesto "precio" a su "cabeza".

Andoni Gustavo R.M, el autor confeso del crimen de la Alcoholera, ha asegurado que no quería matar a su amigo, Roberto G.V, en la plantación de marihuana que ambos cultivaban y que lo que hizo, "muerto de pánico", fue intentar defenderse "instintivamente" del ataque de éste que, armado con un cuchillo, le decía "¡muere, hijo de puta, muere!".

  

La declaración del acusado en la Audiencia de Valladolid, donde se celebra juicio contra él por el procedimiento de jurado, ha acaparado la segunda jornada de un proceso que pretende averiguar lo ocurrido el 16 de junio de 2013 entre el procesado, de 19 años cuando ocurrieron los hechos, y la víctima, de 18.

  

Andoni Gustavo ha manifestado que el 15 de junio, día previo a la noche en que acabó con la vida de Roberto, éste se mostró "nervioso" porque no conseguía contactar con el 'camello' al que tenía que comprar 100 gramos de hachís que su padre, interno en el Centro Penitenciario de Valladolid, le había encargado para que se lo llevara en los próximos días.

  

Así, invitó a su amigo a que saliera por ahí y se distrajera, pero no quiso y se quedaron en el domicilio que ambos compartían, donde consumieron hachís, cocaína y cerveza.

  

Posteriormente, ya por la noche, ha explicado que se dirigieron a la vivienda deshabitada de la calle Isla donde cultivaban una plantación que él mantenía y Roberto "financiaba", aunque en las semanas anteriores a su muerte le enseñó los cuidados de las plantas toda vez que comenzó a interesarse por ello.

  

Allí, según su relato de los hechos, cuando se encontraba arrodillado al cuidado de una planta, Roberto se le acercó por la espalda y le dijo: "Gus, ya me has montado todo, ya no te necesito". Posteriormente, le asestó una patada en la cara y se abalanzó sobre él con un cuchillo en la mano derecha mientras gritaba "¡muere, hijo de puta, muere!".

  

El acusado ha asegurado que a pesar de que intentó quitar el cuchillo a su agresor, sólo pudo sujetar su mano, mientras que su contrincante trataba de matarle y le causó lesiones como arañazos, un corte e incluso un mordisco, aunque no fue al hospital por temor a que se descubriera que había matado a su amigo.

  

En el transcurso de la trifulca, logró golpear a Roberto con una maceta, se zafó y huyó a gatas hasta coger otro cuchillo que había en la vivienda e intentó defenderse con él, aunque casi no tenía punta ni estaba afilado. "Me miraba con cara de odio", ha asegurado Andoni Gustavo, quien ha detallado que "instintivamente" y "muerto de pánico" se intentó defender, esquivaba cuchilladas y a la vez intentaba clavarle el cuchillo con el deseo de que "todo aquello terminara".

 

DOS CUCHILLADAS

  

Finalmente, logró darle un primera cuchillada en el hombro y empujarle, pero Roberto fue de nuevo hacia él, por lo que le alcanzó con otra en el pecho y cayó al suelo. El acusado ha asegurado que su amigo respiró "entrecortadamente" unos segundos y después dejó de hacerlo, aunque posteriormente "su cuerpo hizo como un espasmo" y le asestó una cuchillada más en el cuello.

  

En cuanto al resto de puñaladas, hasta 17, ha aclarado que no tiene claro cuándo pudo asestarlas, pero cree que fueron leves cuando trataba de defenderse.

  

Después de matar a su amigo, "en estado de shock" y sin atreverse a soltar el cuchillo, se fumó un "porro" y, aunque pensó en llamar a la policía, no lo hizo por temor al padre de la víctima, un "traficante" en la cárcel, influyente y que ha puesto un "precio" a su "cabeza" de 30.000 euros, lo que le mantiene en una prisión de León.

  

"Para mí, Roberto era como un hermano, no tenía ningún motivo para sospechar de él", ha señalado Andoni Gustavo, quien ha explicado que en los días posteriores al crimen, "poco a poco" se llevó cosas de la casa, entre ellas el cuchillo de Roberto, pero no sabía qué hacer con el cadáver de su amigo.

  

Para hacer desaparecer el cuerpo pensó en trocearlo, "como en las películas", y compró un hacha con el que trató de hacerlo, para lo que golpeó el cadáver en una pierna, pero fue "incapaz", sufrió "arcadas" y además "miraba el cuerpo de Roberto" y "seguía viendo" a su "amigo". Al fracasar esta opción, se le ocurrió meter el cuerpo en bolsas, pero tampoco fue capaz, por lo que al final lo cubrió con una manta y echó lejía perfumada sobre el mismo para intentar "camuflar" el olor.

  

Días después de la muerte de Roberto, el acusado ha explicado que denunció su desaparición ante la insistencia y las preguntas de un amigo de éste que acudía a buscarle a casa, quien además era el que le acercaba a la prisión a ver a su padre.

  

De hecho, miembros del Cuerpo Nacional de Policía han explicado que tomaron declaración al acusado sobre la desaparición hasta en "siete u ocho" ocasiones, que se mostró "muy colaborador" e incluso al final él mismo acudía a Comisaría para ver cómo iba la investigación.

  

La versión de los hechos esgrimida por el procesado a través de su defensor conllevaría la solicitud de un fallo absolutorio, al tratarse de un homicidio con las eximentes de legítima defensa, intoxicación plena por ingesta de alcohol y otras drogas y la de actuar movido por un miedo insuperable, o, alternativamente, la imposición de dos años, seis meses y un día de prisión en caso de que el jurado considerara tales circunstancias como atenuantes.

  

Por su parte, las acusaciones pública y particular discrepan en la calificación de los hechos, pues la primera entiende que se trata de un homicidio y la segunda un asesinato, y solicitan una condena de 12 y 15 años de prisión, respectivamente.