Eduard Punset: "No me causa ningún pesar que los científicos españoles se vean obligados a buscar conocimiento en el resto del mundo"

Hemos charlado con el popular divulgador científico sobre diversos temas como la crisis, el futuro de la ciencia, la religión o la muerte.

Es un hombre sabio, y eso se aprecia casi sin haberle escuchado. Su imagen amable y pausada transmite serenidad. A su alrededor, el tiempo parece fluir de forma distinta. Debe ser uno de los efectos de la física o del cerebro que tanto le apasionan. Hemos preparado un cuestionario previo de aquellas cuestiones que queríamos comentar. Pero, al final de la entrevista, la sensación de que hubieras querido preguntar mil cosas más, es mayor.

 

Nos recibió en la sede de la Fundación Eduardo Punset, en un luminoso despacho en el centro de Madrid. Desde allí trabaja, piensa, imagina, crea... aunque la sensación de que el cerebro de Punset no para nunca es evidente.

 

Usted es periodista, economista y jurista, ¿cómo llega a la divulgación científica?

Yo soy licenciado con tesis, doctorado por la London School of Economics. Es una ciencia, Economic Science. Nunca he creído en esta separación entre ciencia y no ciencia y, desde luego, es contrario a mi propia experiencia.

 

También ha pasado por la política, ¿cómo recuerda esos años?

Bien, los recuerdo con agrado, como prácticamente todo lo que he hecho. Es una fuente de conocimiento y de alegría, y no he cambiado.

 

La sociedad actual, y la española en concreto, ¿tienen un buen conocimiento científico?

No.

 

¿Se puede solucionar?

Sí, en el sentido de que es preciso no aplazar ni un día más la reforma educativa y, muy concretamente, la introducción del aprendizaje social y emocional.

 

¿Y cree que la tecnología práctica que ha invadido la sociedad ha ido en detrimento del conocimiento científico?

La tecnología y el conocimiento científico nunca pueden, ni han ido, separados. La tecnología ha constituido una ayuda, muy a menudo, para profundizar en el conocimiento, pero no un impedimento.

 

¿Cuál ha sido, a su juicio, el descubrimiento científico que se ha contado peor o se ha explicado peor en la historia?

Hay tres. Pero, en fin, mencionaré el primero, que es el desconocimiento casi absoluto, por dogmático, de las emociones. Las emociones han sido excluidas de la vida diaria y de la enseñanza. A mí me ha parado más de una persona en la calle dándome las gracias por haber contribuido, con otros, a devolverles la confianza en las emociones que les habían machacado sus padres, sus hermanos, sus madres, sus hijos.

 

¿Los científicos españoles son buenos comunicadores?

Todavía no. Hay muy pocos.

 

¿Qué función debe cumplir la ciencia en la sociedad del siglo XXI?

Incrustar lo que llamamos las nuevas competencias en la sociedad del conocimiento. Por nuevas competencias entendemos lo contrario de las viejas competencias que contribuyeron en su momento a dar trabajo, pero solo trabajo, como era lo que llamábamos el coeficiente intelectual. Las nuevas competencias tienen que ver con el hecho de que son absolutamente indispensables para encontrar trabajo en la sociedad del conocimiento.

 

¿Existe algún modelo de gestión de la actividad científica en el que España debería fijarse para emularlo, o aquí se hace bien?

No, aquí no se hace bien, pero en esto hay que ser pacientes y recordar lo que dice el Premio Nobel Sydney Brenner: «los que más me han enseñado son los que menos sabían de lo mío». O sea, hay una especialización exagerada entre las distintas disciplinas en España y se repudia lo que es la nueva praxis o ley del conocimiento científico en el resto del mundo, es decir, la multiplicidad de conocimientos abiertos y descubiertos. Yo conozco grandes biólogos americanos que son biólogos computacionales, como se llaman ellos, es decir, tienen aprendido desde pequeños que un buen biólogo tiene que ser  un buen conocedor de los sistemas de computadores.

 

¿Y qué futuro tiene la ciencia en España y los científicos españoles?

La ciencia es un concepto internacionalista y no existe una cosa como la ciencia española. Existe la ciencia, punto. No me causa ningún pesar el que los científicos españoles se vean obligados a buscar conocimiento en el resto del mundo.

 

¿En el escenario mundial, en qué lugar estamos?

En el lugar que nos conceden los demás, que en estos momentos es más bajo de lo que nos gustaría a todos. Es curioso, pero la imagen de España era muy buena hace unos años, en el sentido de que había sido el primer país que, por sus propios medios, había salido de la Dictadura y era uno de los países que estaba metido de lleno en recuperar la ciencia en el conocimiento. Ahora no es el momento, pero hay que darse cuenta de que no se puede inventar una revista o una comunidad científica o una universidad. Hace falta tiempo.

 

Su fundación, ¿qué funciones tiene, cuáles son sus objetivos?

Básicamente son solo dos objetivos: uno es contribuir a financiar el aprendizaje social y emocional y esto lo hemos hecho desde hace tres años, utilizando, básicamente, ingresos de compañías que estaban empeñadas en vincular, de alguna manera, su nombre a la ciencia. La segunda gran función es hacer frente al gran desafío de que hay más de un 20% de personas sin protección alguna, discapacitadas mental y físicamente, de las que nadie se ocupa. Me refiero al apoyo psicológico online que tenemos calculado que puede afectar a más de 2,5 millones de personas que lo único que requieren es una primera impresión científica meditada de qué es lo que le está pasando por dentro a una persona que pide ayuda.

 

¿Y cuáles son sus objetivos a corto, medio o largo plazo?

Apenas hemos empezado en lo que es el primerísimo eslabón del aprendizaje social y emocional que actualmente es totalmente inexistente y estas semanas pasadas acabamos de celebrar en Pineda de Mar el segundo seminario sobre el aprendizaje emocional y social, al que han asistido más de 200 personas. El campo es infinito. Y el segundo objetivo básico es lo que ya hemos intentado hacer con la publicación de un libro que se llama Lo que nos pasa por dentro, que consiste en digerir, meditar y elaborar las primeras conclusiones que sacamos de preguntar a los ciudadanos qué es lo que les pasa por dentro.

 

¿El fenómeno de la vida solo tiene explicación científica, o hay intervención divina, como dice mucha gente?

A la fundación lo que le importa son las emociones, la gestión emocional, la gestión de la intuición y la gestión de las redes sociales. Cualquiera de las tres bastaría para llenar la vida de una sola fundación y es lo que nos ocurre. Afortunadamente, del resto se pueden ocupar las demás.

 

¿Dios y ciencia están reñidos?

Es imprescindible darse cuenta de que cualquier tiempo pasado fue peor. En el pasado solo hubo crueldad, exterminio y fusilamientos. La religión jugó a veces, en este pasado tormentoso, un papel renacentista. Era el único refugio para mucho sinsabor. En cambio, jugó también un papel muy dogmático y demoledor, como estamos viendo hoy aún en determinados países.

 

¿Cómo será la economía en el futuro? ¿Vamos a salir de la crisis? ¿Vamos a ir a mejor, a peor?

Es una economía en la que se han cometido muchos errores, como el de considerar que el diagnóstico era planetario en lugar de ser el diagnóstico de unos países afectados que se habían endeudado en exceso. Y en este sentido, el futuro estará marcado por la corrección de esos errores y las necesidades de corregirlos.

 

¿Qué sorpresas nos puede deparar la investigación del cerebro?

Casi todas, en el sentido de que sabemos muy poco de lo que pasa por dentro. En este sentido, somos muy parecidos al resto de crustáceos, y eso es evidente, puesto que nos parecemos muchísimo a los crustáceos de cuello para arriba: ellos tienen el esqueleto y dentro la carne, que es exactamente al revés de lo que tenemos nosotros en el resto del cuerpo, el esqueleto dentro y por fuera la carne, pero, de cuello para arriba, somos exactamente iguales y lo seguimos siendo. Sabemos algo del cerebro, del esqueleto que recubre al cerebro, pero se sabe todavía muy poco de la propia vida cerebral, salvo grandes hallazgos y recientes, como el saber que determinadas políticas de prevención son perfectamente aplicables.

 

En 1980 publicó 'La salida de la crisis', si tuviera que escribir ahora esa obra, ¿qué cambiaría de ese discurso?

Nada.

 

¿Sirve para ahora también?

Sirve.

 

¿Puede la ciencia ayudar a salir de la crisis a un país?

Es el espíritu científico que impregne a las clases dirigentes de un país, más que otra cosa. La ciencia por sí sola no puede servir de gran cosa.

 

Ha dicho usted que dentro de diez años estaremos metidos en mundos virtuales que hoy no podemos siquiera imaginar, ¿cómo se imagina usted esos mundos?

Bueno, son mundos que ya están apareciendo en el sentido de que es posible reflejar en planos, en escritos, en plataformas, lo que está ocurriendo a nivel cerebral y todo está por hacer; apenas hemos empezado. Sabemos de la virtud de determinadas políticas de prevención, pero sabemos muy poco más.

 

Publicó hace unos meses un nuevo libro, 'El sueño de Alicia', ¿qué nos puede contar sobre él?

Bueno, El sueño de Alicia es una obra que reproduce un viejo sentimiento: en el siglo XIX Darwin estuvo veinte años sin publicar su libro más preciado, El origen de las especies, simplemente, porque, como decía él, no le cabía en el espacio corto de tiempo que la Iglesia o las instituciones atribuían a la historia del Universo. Pero, cuando él se dio cuenta de que, en lugar de los 80 millones de años, eran miles de millones de años y que, por lo tanto, le cabía relatar El origen de las especies, lo hizo. Y lo hizo de manera casi intempestiva, presentándose de pronto en la editorial. Yo creo que está ocurriendo ahora exactamente lo mismo a nivel de las emociones, de la intuición y de las redes sociales. En los tres casos, el poder que se recupera a nivel individual es inenarrable y solo eso va a transformar el conocimiento que tenemos de lo que nos pasa por dentro.

 

¿Esta ha sido su primera incursión en la novela científica?

Sí. Yo siempre he mantenido que en todo escrito hay un componente autobiográfico que se puede esconder con mayor o menor fortuna, pero, en todos los casos, lo que es absolutamente preciso es que hubiera un intento, primero, de conciliar entretenimiento y conocimiento. También en la ciencia. Y eso es lo que hay con El sueño de Alicia.

 

¿Qué le gustaría que hubieran aprendido los españoles gracias a su labor divulgativa?

Que cualquier tiempo pasado fue peor. Eso es lo más fundamental.

 

¿En qué nuevos proyectos le veremos a corto plazo?

Pues me gustaría meditar sobre la desaparición progresiva de todas aquellas instituciones que se asentaron o nacieron con el fin del nomadismo y el comienzo de la sociedad agraria hace unos 10.000 años. Fue entonces cuando se creó el Estado, para proteger el excedente que se había creado, y un tipo de relación social y política que, seguramente, va a cambiar.

 

CUESTIONARIO BREVE

 

Un libro que le haya marcado especialmente, o que haya leído hace poco.

Leo muchísimo, por mi profesión. Me gusta mucho Antonio Damásio, de origen portugués y afincado en Estados Unidos desde hace muchos años. Cuando dice que la existencia, la vida, es la que crea el pensamiento y no al revés.

 

¿Tiene alguna película preferida?

Blade Runner.

 

¿Le hubiera gustado vivir algún momento histórico en primera persona?

Tal y como me ha tocado vivir. Es lo que he preferido.

 

Una canción.

María Callas, cuando canta... Es una generación, la mía, que ha tenido muy poco tiempo de ir a conciertos, de ir a ver películas, porque estábamos liadísimos con el final de la guerra, primero, y la apertura de este país al exterior, lo segundo.

 

¿Hubo algún momento en su infancia o en su juventud que le determinó a dedicarse al campo científico?

Mi padre era médico rural en un viejo pueblo del Priorato y había muy poco dogmatismo y mucha ciencia en la vida corriente.

 

Si se pierde por España, ¿dónde le podemos encontrar?

Probablemente me es muy difícil no salir del marco global. Estoy muy bien en Londres, donde viví once años en mi juventud, estoy muy bien en Francia, estoy muy bien en Galicia, porque el agua está fría... Creo que una de las cosas que nos queda por aprender es que vivimos en un planeta que funciona y que viaja a 240 kilómetros por segundo y que, por tanto, nadie tiene domicilio fijo.

 

¿Y en qué cree por encima de todo Eduardo Punset?

En la curiosidad inacabable de la gente y en la necesidad de que no pierdan nunca esta curiosidad. Aunque sea en detrimento del dogma.

 

Si un chico le pidiera consejo para dedicarse a la ciencia, ¿qué le diría?

Que se vaya fuera si es preciso, porque llegará un tiempo, no demasiado lejano, en que tal vez no haga falta, pero siempre será útil el haber vivido en distintos horizontes.