Cuatro años después, el 15M vuelve a reunirse en la vallisoletana plaza de Fuente Dorada

Cuatro años después, el 15M volvió a reunirse en Fuente Dorada. JUAN POSTIGO

La organización, que realizó varias 'performance' en la misma plaza, asegura que "cuatro años después, pocas cosas han cambiado", de manera que siguen "indignados".

La fuente de Fuente Dorada -valga la redundancia- observaba este viernes por la tarde casi noche, impertérrita, cómo poco a poco la gente comenzaba a juntarse a su alrededor. No era una sensación nueva. Hace justo cuatro años, una improvisada acampada en la plaza vallisoletana daba continuidad a una congregación que se vivía en Sol, en Madrid. Era el llamado movimiento indignado, que pretendía hacer ver a los políticos el descontento general ante tantos casos de corrupción, paro y desestabilidad social.

 

Pues bien, cuatro años después, la imagen ha vuelto a repetirse. No con el carácter que tuvo por aquel entonces la concentración que acabaría desmantelada de manera abrupta la noche del 20 al 21 de julio, pero sí con ganas de demostrar que la situación, pese al paso del tiempo, no ha cambiado mucho.

 

"Cuatro años después del nacimiento de movimiento 15M, pocas cosas han cambiado y por eso seguimos indignad@s", explicó la organización hace unos días en un comunicado. "La corrupción, la precariedad, los recortes (sanidad, educación, dependencia,…), los desahucios… siguen sin resolverse. Mientras las élites político-financieras siguen llenándose los bolsillos". Por eso, era el momento de reencontrarse.

 

Así, ni cortos ni perezosos, la plaza empezó a llenarse de gente indignada en recuerdo de aquella reunión de varias semanas, que pretendía dar un toque de atención a la clase política. Con varios gritos y cánticos de protesta, en medio de una improvisada asamblea, Fuente Dorada volvió a ser por unas horas lo que fue hace cuatro años.

 

No faltaron tampoco las 'performance' que no dejaron en buen lugar precisamente a los banqueros, caricaturizados como ladrones vestidos con traje. Los gigantes billetes de doscientos euros de pega volaban de un maletín a otro, mientras otra mujer protestaba por la sanidad pública. Movimiento indignado en estado puro.