Condenado un maestro de la estafa en Valladolid; se llevó 130.000 euros con una empresa ficticia

Juzgados

Alejandro F.B.G. ha sido condenado a seis años por apoderarse de 130.000 euros de diferentes clientes sin entregarles la mercancía prometida. Durante el juicio mantuvo siempre su inocencia.

La Audiencia de Valladolid ha condenado a una pena de seis años de prisión a Alejandro F.B.G, apoderado de la empresa Vallauto Motores SC,  por ofertar la venta de maquinaria a través de dicha mercantil, carente de actividad alguna, y lograr apoderarse de más de 130.000 euros de clientes sin entregar a éstos la mercancía comprometida.

 

La condena coincide con la petición de la acusación pública, consistente en la referida pena privativa de libertad y, en concepto de responsabilidad civil, el abono de más de 130.000 euros en indemnizaciones para las empresas perjudicadas, como autor de un delito continuado de falsedad en documento mercantil en concurso con un delito continuado de estafa, según informaron a Europa Press fuentes jurídicas.

 

En el juicio el ahora condenado mantuvo su inocencia y se declaró víctima de un grupo de rumanos, entre ellos el también apoderado de la misma mercantil Nicusor R, quien no llegó a comparecer en la vista por encontrarse prófugo de la Justicia.

 

INTERVENCIÓN DE LA 'EUROJUST'

 

La vista contó con la declaración de los estafados extranjeros, quienes declararon por videoconferencia desde Finlandia y Suecia, gracias al trabajo de distintas comisiones rogatorias y la labor desarrollada por la denominada 'Eurojust', la agencia encargada de coordinar la labor de los distintos órganos judiciales europeos y de ayudar a las autoridades nacionales a colaborar contra la delincuencia organizada.

 

El condenado, con otras personas no identificadas, constituyó Vallauto Motores SC, carente de actividad, el día 13 de junio de 2011 y abrió distintas cuentas, al tiempo que creó una web en la que anunciaba la venta de maquinaria de obra, a pesar de que no disponía de la misma, e insertó anuncios para llegar a más personas.

 

Asimismo, contrató varios teléfonos, uno de ellos prepago, a nombre de un hombre que había denunciado la pérdida de su documentación en 2008, y que no tenía relación alguno con el acusado.

 

Al reclamo de sus anuncios acudieron varias empresas interesadas. Para dar más apariencia de realidad, el procesado confeccionó facturas pro forma con los datos de la sociedad en las que plasmó un sello y que remitió a las empresas interesadas, que confiadas realizaron distintos pedidos y abonaron el importe de los mismos.

 

Sin embargo, la mercancía nunca llegó a sus destinatarios, mientras que el imputado canceló las cuentas de la mercantil y se embolsó cantidades que superan los 130.000 euros.