Condenado a 19 años de prisión el hombre que acuchilló y quemó vivo a su exnovio en Valladolid

Imagen del juicio celebrado en Valladolid. TRIBUNA

La sentencia es consecuencia del veredicto emitido el pasado viernes por el jurado popular, que, por decisión unánime, halló a Jesús Guillermo responsable de un delito de asesinato.

La Audiencia de Valladolid ha condenado a una pena de diecinueve años de prisión a Jesús Guillermo M.M. como autor de un delito de asesinato cometido en junio de 2014 cuando, por causas no esclarecidas, acudió armado con un cuchillo de cocina al piso de su exnovio, el ferretero jubilado Daniel G.R, al que asestó trece cuchilladas y luego, tras arrojarle a la bañera, quemó vivo utilizando para ello una garrafa de disolvente y distintos materiales combustibles.

 

La sentencia dictada por el magistrado que presidió la sala, Feliciano Trebolle, es consecuencia del veredicto emitido el pasado viernes por el jurado popular, que, por decisión unánime, halló a Jesús Guillermo, de 54 años, responsable de un delito de asesinato, con las agravantes de abuso de superioridad, parentesco y ensañamiento y la circunstancia atenuante de anomalía psíquica, ya que padece un trastorno adaptativo mixto que el día de autos aminoró ligeramente sus facultades volitivas.

 

Junto a los 19 años de privación de libertad, el condenado habrá de indemnizar a cada uno de los dos hermanos de la víctima con 35.000 euros, junto con otros 22.047 euros por los daños causados en su vivienda como consecuencia del incendio, mientras que a la comunidad de propietarios del edificio habrá de abonar 1.260,37 euros por los desperfectos en el inmueble, según informaron a Europa Press fuentes jurídicas.

 

El Ministerio Fiscal había solicitado veinte años de prisión, junto con el pago de indemnizaciones de 50.000 euros para cada uno de los dos hermanos de la víctima, así como 22.803 por los daños en el piso y 1.260 más para la comunidad de propietarios por los desperfectos en el edificio, mientras que la acusación particular pedía veinticinco años y un día de cárcel -añadía como agravante la alevosía y no estimaba probada la atenuante de anomalía psíquica- y, en concepto de responsabilidad civil, más de 272.000 euros para los herederos de la víctima, "que siempre van a tener en su mente la forma de morir de Daniel".

 

La defensa, por contra, consideró los hechos constitutivos de homicidio y, subsidiariamente, de asesinato, en el que se compensarían la agravante de parentesco y la atenuante de anomalía psíquica, y pedía una condena de diecesiete años y medio a cumplir en un centro psiquiátrico penitenciario.

 

El juicio se inició el pasado día 13 de noviembre y se prolongó durante cuatro jornadas en las que no fue posible conocer la versión de los hechos del acusado, quien en su día se negó a declarar ante la policía y el juez y durante el presente proceso prefirió seguir mudo, renunciando incluso a su derecho, una vez concluida la vista, a pronunciar unas últimas palabras. "Prefiero permanecer callado", espetó Jesús Guillermo, quien durante buena parte del juicio mantuvo su cara oculta tras sus manos.

 

Acusado y víctima, un ferretero jubilado de 64 años que vivía en la calle San Luis, habían mantenido una antigua relación que les había llevado incluso a abrir un fondo de inversión a nombre de los dos, con un saldo de unos 30.000 euros, así como a registarse como pareja de hecho. Sin embargo, el noviazgo concluyó alrededor de 2008 y, de forma definitiva, a raíz de que Daniel G.R. se jubilara a primeros de 2014 y, como recordó su hermano, decidiera "dedicarse a sí mismo" y comenzara a estudiar artes e idiomas.

 

Fue sobre las 09.00 horas del día 30 de junio de 2014, por causas que no han sido esclarecidas, cuando Jesús Guillermo, un hombre "triste y ansioso", tal como le han definido los médicos-forenses, acudió a la vivienda de su expareja armado con un cuchillo que cogió del mazo de cuchillos de su cocina y provisto de una garrafa de cinco litros de disolvente que adquirió esa misma mañana en una tienda situada a mitad de camino entre ambos domicilios.

 

Después de que Daniel franqueara la puerta de casa a su antiguo novio, este último acometió inicialmente al primero y le infligió trece heridas superficiales de arma blanca, lesiones que no le habrían ocasionado la muerte de no ser porque acto seguido Jesús Guillermo le arrojó a la bañera y le quemó allí vivo, utilizando para ello el disolvente y otros materiales, entre ropas, mantas y maderas, e incluso la propia puerta del baño que arrancó de las bisagras y que colocó también sobre la víctima.