Cinco horas con Mario se convierte también en exposición

La muestra hace un recorrido por la historia de esta novela que ha conocido infinidad de ediciones, se convirtió en obra teatral y fue transformada en ópera.

Valladolid presenta la muestra Miguel Delibes. Cinco horas con Mario. Cincuenta años de historia. Un recorrido por la historia de cincuenta años de esta novela es el objetivo de la exposición que a muchos les recordará una época de sus vidas y a los más jóvenes les permitirá acercarse a un mundo quizá para ellos desconocido, aunque no tan lejano en el tiempo.

 

A la presentación, en la Sala de Exposiciones de la Casa Revilla ha asistido la concejala de Cultura y Turismo, Ana Redondo; la presidenta de la ‘Fundación Miguel Delibes’, Elisa Delibes; y la comisaria de la muestra, Amparo Medina Bocos

 

El 7 de mayo de 1966, en una carta dirigida a su editor, Josep Vergés, Miguel Delibes incluye, como de pasada, estas dos líneas: “Estoy terminando mi nueva novela Cinco horas con Mario. Creo que podré mandártela el mes que viene”. Tenía entonces Miguel Delibes cuarenta y cinco años, casi los mismos que Mario, y era ésta la novena novela que enviaba a Vergés. Aunque la idea era que el libro hubiera estado listo en diciembre, antes de Navidad, los primeros ejemplares de la obra salieron de la Editorial Destino el 3 de enero de 1967. Así pues, se cumplen ahora cincuenta años de la llegada a las librerías de la que habría de convertirse en la novela “urbana” más representativa de su autor y también en una de las más leídas.

 

Lo que se cuenta en Cinco horas con Mario sucede también en 1966, justamente en el momento en que Miguel Delibes está redactando la obra. Carmen Sotillo, una mujer perteneciente a la burguesía media provinciana, pasa la noche velando el cadáver de su marido mientras recuerda lo que ha sido su vida junto a él. Durante cinco horas, la joven viuda entabla un diálogo sin respuesta con el marido muerto, un monólogo reiterativo que es a la vez un memorial de agravios y la confesión de lo que apenas llegó a ser una infidelidad por la que acaba pidiendo casi a gritos un perdón ya imposible.

 

Por lo que cuenta, pero también por cómo se cuenta, Cinco horas con Mario es una de esas novelas que marcan un hito importante en la representación artístico-literaria de una sociedad. Pasados cincuenta años, la novela sigue siendo un extraordinario documento de lo que era la España de los años sesenta del pasado siglo. Comparable en este sentido  a El Jarama (1955), Tiempo de silencio (1962), Señas de identidad (1966) o Últimas tardes con Teresa (1966), por citar sólo algunos de los títulos que aportaron a la narrativa del momento importantes innovaciones formales, las generaciones futuras deberán acudir a estos textos para conocer cuáles fueron realmente los problemas, las obsesiones, el vivir cotidiano de los españoles de ese tiempo y las formulaciones lingüísticas de su experiencia.

 

Este aspecto “documental” es sin duda uno de los valores fundamentales de la novela de Miguel Delibes. No hay que olvidar, sin embargo, que se trata de un texto literario en el que su autor realiza un magnífico ejercicio de recreación del lenguaje coloquial de una mujer de clase media. Y es aquí donde hay que buscar las claves de la importancia de Cinco horas con Mario: desde el punto de vista social, porque a través de un personaje individual se nos permite ver la totalidad de un mundo en toda su complejidad; desde el punto de vista lingüístico, porque el lenguaje hablado y conversacional, lleno de repeticiones y formas enfáticas, de muletillas y modismos, de imprecisiones y frases sin terminar está presente con toda su riqueza en las páginas de esta novela.

 

A lo largo del último medio siglo la obra ha conocido infinidad de ediciones, se ha traducido a numerosos idiomas y ha sido leída por generaciones sucesivas de estudiantes. Estudiosos y críticos no han dejado de interesarse por el monólogo de Carmen Sotillo y pasan del centenar los trabajos académicos dedicados a este texto de Miguel Delibes. En 1979, convertida la novela en obra teatral de éxito y unida para siempre a la figura de Lola Herrera, Cinco horas con Mario estuvo asimismo en el origen de una película —Función de noche, 1981—y, recientemente, se ha transformado en ópera de la mano de Jorge Grundman.

 

La exposición podrá visitarse hasta el 22 de enero de 2017, siendo la entrada libre.