Chema Rodríguez pone punto final a 26 años al frente de un Universidad de Valladolid campeón de Europa

Chema Rodríguez. A.MINGUEZA

El entrenador analiza su larga etapa en el banquillo del principal equipo de fútbol sala de la ciudad, del que se despide “con un sabor amargo”.

Decir “Chema Rodríguez” es decir “fútbol sala” en Valladolid. El ya exentrenador de la UVa deja paso a la savia nueva para que se haga cargo del equipo. En este caso, un Kike Molina que tardó dos semanas en tomar la decisión de cambiar el mando dentro del campo por el del banquillo, en el que habrá otro inquilino 26 años después.

 

“A principio de temporada hablé con Molina y Antonio Blázquez, el responsable del Servicio de Deportes, porque había que preparar la sucesión”, cuenta Chema. Llegó el momento de contárselo a la plantilla, aunque se imaginaban que algo ocurría. Las semanas pasaron y, tras superar un bache, lograron una buena racha de victorias. “Durante la temporada pensaron que iba a cambiar de opinión”, reconoce.

 

Pero el entrenador lo tenía decidido. Esto no influyó demasiado en sus jugadores, que disfrutaron del liderato y pelearon por el título de campeón del Grupo I de Segunda B hasta casi el final de la temporada. Hubo otro momento clave, en el que se disputaron esa primera plaza contra el Noia y cayeron. Tras el partido había ánimo de revancha y le insistieron para que se quedara, pero “la decisión estaba tomada”.

 

La mala suerte en cuanto a lesiones se cebó un curso más con el Uni, que perdió a uno de sus mejores jugadores, Adrián Morales, cuando el equipo iba hacia arriba. “Si no se lesiona, nos llevamos el campeonato seguro”, lamenta. Finalmente, el equipo concluyó en tercera posición, lo que nubló la despedida. “Me da una rabia acabar perdiendo los partidos que no te lo puedes imaginar. Lo peor de todo fue ese sabor amargo”, asegura.

 

Pero ese último recuerdo no solo es negativo por él, sino “por los chavales”. “Este equipo no merecía acabar la temporada así”, señala. Y es verdad que, por lo general, lo más reciente permanece con más fuerza en la mente de las personas, aunque hay algo que está por encima de todo para Chema Rodríguez.

 

 

EL MEJOR RECUERDO

 

Las últimas temporadas quizá hayan sido las más exitosas con el play-off de ascenso a Segunda, el partido de Copa del Rey ante el extinto Caja Segovia y, sobre todo, la consecución del Campeonato de Europa Universitario en Antequera en el año 2013. Precisamente, este último momento es con el que se queda el entrenador de toda su etapa.

 

“Fue algo impresionante que no se puede explicar con palabras”, afirma. Chema siempre se ha caracterizado por su temple en el banquillo, tanto cuando las cosas iban bien como cuando se torcían. No pegué ningún salto, pero en mi interior había una fiesta tremenda. Acabó el partido y fui a saludar a todo el equipo contrario, el Universidad de Paris, como siempre hago”, recuerda.

 

Es complicado destacar hechos concretos en 26 años, pero Chema sí que tiene prioridades guardadas en su mente. Además de ese campeonato, y más a nivel individual, se queda, sobre todo, con un jugador de los casi 200 que ha tenido a sus órdenes: Juan Carlos González. “Vino del Promesas de Antonio Santos. Priorizó los estudios y allí casi no podía compaginarlo, por lo que se unió a nuestro equipo. Era un jugador único y ahora es oftalmólogo en Santander, subraya.

 

LA ALTERNATIVA A MOLINA

 

Después de tanto tiempo, ¿qué va a hacer ahora? “Seguiré ligado al Servicio de Deportes de la Uva como miembro de la directiva”, comenta. Pese a que ya no estará centrado en un equipo, no dejará el deporte a un lado. “Haré mi rutina de físico, piscina, spa… Eso me llenará”, apunta. Quien más agradecerá esta decisión será su mujer, que le ha conocido “entre el fútbol y el fútbol sala”. Además, con dos nietos, la familia le requiere un poco más.

 

Pero el fútbol sala continuará dentro de él, como la figura más representativa de este deporte en Valladolid. Kike Molina le tendrá “para lo que necesite”, aunque a este le podría salir trabajo y daría paso a un “Plan B”. “Hablé con Esqui, el entrenador del Tierno Galván de Tercera, y le dije que me gustaría que trabajase codo a codo con Moli”, explica.

 

Con la elección de Molina pretende que se renueve el equipo. “Necesita una nueva dinámica, otro tipo de entrenamientos. La idea es aportar más por chicos jóvenes, aunque sacrifiquemos resultados, argumenta. El ‘padre’ del Universidad de Valladolid ya es abuelo y ha dejado “en buenas manos” la dirección técnica de uno de los conjuntos más importantes en la ciudad.

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