Caín se deshace de su hermano Abel y deja el proyecto del ascenso en entredicho (2-3)

Manu del Moral se lamenta tras una ocasión marrada. A.MINGUEZA
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El Oviedo se llevó los tres puntos de Zorrilla ante el Real Valladolid en un partido loco, entretenido, en el que los visitantes supieron aprovechar los errores defensivos locales.

FICHA TÉCNICA

 

REAL VALLADOLID - REAL OVIEDO 2-3 (0-1 13' Linares, 1-1 15' Juan Villar, 1-2 20' Toché, 2-2 61' Àngel 2-3 78' Susaeta).

 

REAL VALLADOLID: Julio Iricibar; Moyano, Timor, Marcelo Silva, Ángel; Álvaro Rubio (Pedro Tiba 46), André Leao; Manu del Moral, Óscar (Samuel 46), Juan Villar (Moreno 74); Rodri. Entrenador: Gaizka Garitano.

 

REAL OVIEDO: Esteban; Nacho López, David Fernández, Héctor Verdés, Peña; Susaeta, Jonathan Vila, Erice, Hervías (Aguirre 70); Toché (Cristian Rivera 83), Linares (Koné 66). Entreandor: Sergio Egea.

 

ÁRBITRO: Trujillo Suárez. Amonestados: Ángel, Samuel, Manu del Moral, Marcelo Silva; Jonathan Vila, Nacho López, Susaeta. Expulsado: Linares (minuto 80, doble tarjeta amarilla, la segunda cuando había sido sustituido).

Cuando se dice no, es que no. El Real Valladolid continúa cuesta abajo y sin frenos tras hincar la rodilla en casa ante el Oviedo por resultado de 2-3, fruto de sus propios errores defensivos y de un Garitano que no fue capaz de reconducir una situación que se puso fea desde el primer momento. Así las cosas, los blanquivioletas se quedan a dos puntos del descenso y el entrenador en entredicho.

 

Y eso que el partido comenzó con una revolución en el once de Garitano. Juanpe y Hermoso fuera de la convocatoria, Timor en el centro de la defensa para tratar de sacar el balón y el canterano Ángel en el lateral zurdo. ¿Y arriba? La dupla Manu del Moral –que empezaba por la izquierda y tiraba hacia el centro- y Rodri escoltados de Óscar y Juan Villar, por no hablar del cambio obligado bajo palos de Julio. ¿Resultado? Una inseguridad y unas imprecisiones que ya están volviéndose sello de identidad de este Real Valladolid.

 

Por si fuera poco, el partido empezó de locura, casi de manicomio. Ambos equipos estiraron líneas desde el primer momento casi sin pensar en las consecuencias atrás, algo de lo que terminó por beneficiarse el Oviedo. Primera ocasión clara, Linares para adentro. Siguiente jugada, un pase colosal de Álvaro Rubio a Villar para el 1-1. Otro. A los dos minutos, jugada ensayada que Toché remata de cabeza en el área pequeña. 1-2. Zorrilla era una orgia de goles.

 

Fue ahí donde Sergio Egea empezó a ganarle la partida a Garitano. Los carballones supieron mantener la sencillez de su planteamiento, para plantarse en repetidas ocasiones en la portería blanquivioleta, sin desordenarse y sabiendo aprovechar el desorden pucelano. Porque eso fue el Pucela en los primeros 45 minutos, un constante desorden.

 

Rodri arriba solo cual islote, Manu del Moral incapaz de tomar protagonismo y Óscar, una vez más, desaparecido en combate. Ni siquiera el tener a un centrocampista de central servía para que el Valladolid consiguiera sacar el balón de otra manera que no fuera al patadón. El partido era del Oviedo, que con veloces contras creaba más peligro y conseguía, aunque suene imposible, mantener la posesión.

 

El ritmo del partido comenzó a decaer, entre la fiesta que era la grada, y los aficionados locales empezaron a resoplar. Después, a silbar de manera tímida. Al descanso, cuando Trujillo Suárez indicó el camino a vestuarios, ya se dejó escuchar con más sonoridad el aire que salía de la boca de los algo más de 11.000 asistentes. El Pucela tenía que cambiar algo.

 

Y vaya si cambió, aunque solo momentáneamente. En el descanso Garitano dejó a Óscar y Álvaro Rubio en el camino, sustituidos por Tiba y Samuel. Defensa de cinco con los dos laterales arriba y abajo todo el rato. Y sí, la cosa cambió a favor del Pucela, que supo sobreponerse al golpe que había recibido en la primera mitad.

 

El coche volvió a llenarse de gasolina y el Oviedo pecó de conformista mientras el Valladolid estiraba líneas. Moyano y Ángel subían a su gusto mientras la defensa de tres, en todo caso, seguía temblorosa como un flan. No importaba. El empuje fue suficiente para empatar precisamente con los dos nombrados protagonistas, con Ángel estrenándose como goleador tras un centro del lateral. Por desgracia, fue un espejismo para los locales. El gol dio energía a los blanquivioletas, que se echaron definitivamente a por la portería de Esteban, pero fue cuando llegó el mazazo definitivo.

 

Parecía el 3-2 más cerca que el 2-3, con el Oviedo tocado, cuando Susaeta decidió que no. Que era momento de terminar de hundir al Pucela. Zurriagazo desde su casa y Julio, impotente, vio el balón entrar y los tres posibles puntos del Pucela volar. Y es que desde ahí Garitano y sus jugadores se mostraron impotentes, incapaces. La afición carbayona celebraba los tres puntos en la grada mientras la pucelana terminaba de hundirse y pitaba tímidamente a los suyos.

 

¿Y el equipo? Bien, gracias. A dos puntos del descenso, con tan solo dos victorias en ocho partidos y un entrenador que ya está en entredicho cuando no se lleva ni un cuarto de Liga disputada.

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