Bostezos en voz alta y sueños rotos en Zorrilla (0-0)

El Real Valladolid no fue capaz de marcar ante el Girona. JORGE IGLESIAS
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El Real Valladolid fue incapaz de imponerse al Girona en un partido para olvidar, sin emoción y sin goles, y deja sin cerrar la permanencia después de que el resultado del Mallorca – Elche no fuera favorable. Todo depende de Ponferradina y Almería este miércoles.

FICHA TÉCNICA

 

Real Valladolid: Kepa; Nikos, Juanpe, Silva, Moyano; Borja, Rubio; M. del Moral, Villar (Rodri, min. 78), Tiba (Jose, min. 66); Roger (Óscar, min. 93)

 

Girona FC: Becerra; Lejeune (Richy, min. 12), Alcalá, K. Olivas; Clerc, Alcaraz, P. Pons,  Maffeo; Granell (B. García, min. 82); Mata y R. Sobrino (C. Herrera, min. 77)

 

Goles: Sin goles.

 

Árbitro: Ruipérez Marín (colegio manchego). Amonestó a Borja y Tiba por el Valladolid y a Alcalá y Alcaraz por el Girona.

Dicen las lenguas futbolísticas que el fútbol es diversión, entretenimiento, una distracción. Pues bien, lo que pudo verse este martes en el estadio José Zorrilla fue precisamente la antítesis de aquello, un choque para olvidar y que concluyó con un 0-0 que deja bien a las claras el horrendo espectáculo que dejaron ver tanto Real Valladolid como Girona. Por si fuera poco, la victoria del Mallorca ante el Elche pone aún más difíciles las cosas y deja en el aire la salvación de los blanquivioletas, a expensas de los resultados de Ponferradina y Almería, que juegan este miércoles.

 

Y eso que el partido empezó extraño, más que nada por el 4-4-2 con el que decidió formar Alberto López sorprendiendo a Machín. Villar formó pareja con Roger en la zona más adelantada, mientras Tiba se buscaba el pan por la derecha. Un curioso experimento que pareció desconcertar a un Girona que no supo reaccionar al experimento. Así, ni siquiera la tempranera lesión de Lejeune en la zaga gerundense sirvió para que uno de los dos equipos tomara la iniciativa, en lo que pronto se convirtió en un choque descafeinado.

 

Así las cosas, el Pucela vino a hacer lo que ha hecho toda la temporada; nada. La combinación de delanteros soltaba chispazos que no terminaban de ocasionar el fuego de las oportunidades, mientras las defensas intentaban complicarse lo menos posible. ¿Y la grada? Pues la grada reaccionó como se esperaba. Prácticamente vacía, objeto de una temporada para olvidar.

 

La cuestión es que el 4-4-2 tuvo buenos momentos, al menos para lo visto en anteriores semanas en Zorrilla, pero no hubo resultado. Contras hacia un lado, contras hacia el otro... pero sin acierto. Sin duda un claro reflejo de lo que sido el Valladolid durante nueve meses. Lo único bueno es que Machín y sus jugadores tampoco eran capaces de dar con la tecla para hacerle cosquillas a los locales. Ni siquiera un posible penalti sobre Roger por agarrón en un córner o un disparo de Mata a bocajarro que salvó Kepa sirvieron para mover el marcador antes del descanso.

 

Lo peor es que ni siquiera se puede acusar al Pucela de falta de actitud, esta vez no. Los jugadores pusieron un poco de su parte -tampoco sin pasarse-, lo cual lleva a pensar que no es ese el problema, sino que simplemente nunca ha habido madera para el ascenso en el vestuario. Ni siquiera la segunda parte sirvió para cambiar un guion que, en realidad, nunca existió. Y es que fue más de lo mismo.

 

Quizá algún disparo lejano, un amago de remate en un saque de esquina que pudo haber sido gol, un intento de regate que quedó en nada... Si el enfrentamiento entre Real Valladolid y Girona pasará a la historia por algo, será por que no pasó nada. Absolutamente nada. Con el paso de los minutos los aficionados comenzaron a desfilar y a dejar aún más vacío el estadio, si bien alguno dejó algún grito de desprecio a los jugadores en el camino.

 

Alberto López no fue capaz de levantar el entramado con los pertinentes cambios, tampoco Machín, casi como si ambos estuvieran satisfechos con el resultado. El técnico blanquivioleta dejó paso al canterano José, como una especie de aviso a los jugadores, aunque de poco sirvió. Los cambios no variaron un ápice el partido, destinado a morir en el olvido. Y mientras, con un Mallorca que sí cumplió su parte y que deja la permanencia blanquivioleta sin cerrar. Ahora la tranquilidad depende de Almería y Ponferradina.

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