Bon rétablissement clausura la Seminci

Gérard Lanvin en Bon rétablissement

La Seminci echa el cierre con una divertida pero previsible comedia francesa del veterano director Jean Becker.

El largometraje francés Bon rétablissement (Unos días para recordar) del veterano director Jean Becker ha sido la elegida para poner fin a la 59 edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid. Es evidente que la comedia francesa se encuentra en un buen estado de forma a juzgar por el éxito de películas en los últimos años como El concierto, Intocable o Bienvenidos al Norte. Así pues, Bon rétablissement sigue la pauta marcada estos años ofreciéndonos una película agradable en sus intenciones, alegre y con un marcado trasfondo social.

 

Después de sufrir un accidente de coche, Pierre debe pasar cuatro semanas de convalecencia en el hospital. La gran mayoría de la narración tiene lugar en la pequeña habitación del hospital del protagonista por lo que son los actores los que cargan a sus espaldas con el peso narrativo del largometraje y, es en especial, el propio Pierre, interpretado por un magnífico Gérard Lanvin, quien provoca la hilaridad del público con su particular carisma. No se puede negar que Bon rétablissement es una comedia simpática y divertida, aunque se muestra previsible en su tramo final y carece de cierta complejidad argumental, pero al menos ayuda a que el espectador que acude a Seminci se marche a casa con una sonrisa en la boca.

 


Y si hablamos de sacar una sonrisa a la audiencia, En el último trago no se queda ni mucho menos atrás. La película mejicana es una road movie muy particular. Los protagonistas son tres ancianos que emprenden un viaje muy especial por México con el objetivo de cumplir el que fue el último deseo de un amigo en común, entregar a un museo una servilleta firmada por una famoso cantante de rancheras.

 

El realizador del largometraje, Jack Zagha Kababie, otorga el protagonismo a un colectivo social que no suele ser la estrella de un género como la road movie transformando una drama sobre la vejez en una risueña comedia que no pierde la sonrisa ni en los momentos más tensos y dolorosos para los protagonistas. Los personajes se aferran a la vida para dar sentido a la esperanza y demuestran de que nunca se es demasiado mayor como para progresar y empezar una nueva vida. Y es que como decía el maestro Bergman y como tan bien refleja el largometraje, “envejecer es como escalar una gran montaña; mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre y la vista más amplia y serena”.

 

 

Por último, Nuestro último verano en Escocia, una dulce y natural película familiar dirigida por Andy Hamilton y Guy Jenkin. Doug y Abi deciden llevar a sus excéntricos hijos a pasar unas vacaciones en Escocia. A partir de este punto de partida la película es un compendio de irreverentes escenas que se suceden una detrás de otra. Destacan por encima del resto los tres muchachos con unas interpretaciones desenfadas y muy naturales. El guión es particularmente original y atrevido y esconde en su interior matices ciertamente sombríos para aumentar más si cabe la personalidad de un largometraje que ofrece a la audiencia una experiencia corta pero entrañable.

 

Es difícil que una película como Nuestro último verano en Escocia gane un premio importante del jurado porque no puede competir ni a nivel técnico ni a nivel narrativo con otras propuestas, aunque escasas, más profundas y complejas que se han visto en Seminci, pero se postula junto a Mita Tova como una de las favoritas para llevarse el Premio del público por su facilidad para hacer reír al espectador.