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Blázquez "no tiene móvil y evita los grandes actos con personajes públicos"

El arzobispo Ricardo Blázquez, en su último acto en Medina de Rioseco, antes de ser elegido presidente de la CEE. TRIBUNA

El nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Española es considerado en su círculo cercano como una persona sencilla, humilde y discreta.

La elección de Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid, como presidente de la Conferencia Episcopal Española este miércoles ha llevado a plantear ciertas cuestiones al respecto. ¿Es el más adecuado para el puesto? ¿Qué estilo de vida religiosa y personal practica? ¿Podrá compatibilizar su labor en Valladolid con su nuevo cargo?

 

Desde luego, la elección parece acertada, al menos a ojos de los ochenta obispos que tenían opción de voto para la elección, ya que un total de sesenta, tres de cada cuatro, dieron su conformidad para Blázquez. “Se trata de una persona sencilla, humilde y discreta”, asegura Ángel Cuaresma, periodista cercano al nuevo presidente de la CEE.

 

Y es que parece que Blázquez, efectivamente, es poco amigo del protagonismo y de salir a la palestra. “Está claro que con esta nueva etapa no le quedará otra opción, tendrá encuentros con políticos a nivel nacional y con otras personalidades públicas, pero no es algo que le guste”, sigue Cuaresma.

 

Lógico, dado lo que supone un cargo que no es desconocido para él, después de tres años de andadura entre 2005 y 2008. Bien sabida es en la Santa Sede la capacidad de trabajo de Blázquez, pues Benedicto XVI le encargó parte de la investigación de los Legionarios de Cristo, apenas llegado al arzobispado de Valladolid.

 

A pesar de tratarse de un hombre con mundo –habla italiano, alemán y se defiende bastante bien con el francés y el inglés a raíz de sus múltiples viajes- Ricardo es un hombre al que le gusta vivir de la manera más sencilla y humilde posible. Y como muestra, un botón. No tiene móvil.

 

“Es posible que con el nuevo cargo, ahora sí, tenga que tener uno, pero es una persona que no le gusta estar pendiente del teléfono todo el rato. Algunas personas le han comentado varias veces que consiguiera uno, pero él ha preferido que no fuera así”, sigue explicando Ángel Cuaresma. “Es una muestra más de cómo es él. Por ejemplo, cuando viaja en coche, prefiere viajar en silencio y rezando, cosa que le dice al compañero si va con alguien para rezar juntos”, continúa.

 

Algo que le hace ganarse la simpatía de aquellos allí donde va. Sin ir más lejos, en sus catorce años como arzobispo de Bilbao, entre 1995 y 2010, salió con más luces que sombras de allí después de que muchos tuvieran reticencias a traer un prelado de Ávila, siendo la primera persona en este cargo que se atrevió a pedir la disolución de ETA en el 2007, en un acto público a favor de las víctimas. Hasta entonces, ningún otro arzobispo se había pronunciado al respecto.

 

¿NUEVO ARZOBISPO?

 

Otra de las incógnitas que se planteaban con la elección de Blázquez como presidente de la CEE, era la dificultad de compatibilizar horarios y el trabajo en sus nuevas funciones con el arzobispado de Valladolid. A sus 71 años de edad, él mismo reconoció hace unos días que el posible nombramiento supondría una alta carga y muchas horas, de manera que aparece la posibilidad de buscar un sustituto o alguien que pudiera reducirle la carga como arzobispo, algo que tendrá que decidirse con prontitud.

 

“Es evidente que le restará tiempo en Valladolid”, explica Cuaresma. “Hay una figura que no existe por ahora aquí que es la del arzobispo auxiliar y que se podría crear, pero esto son solo conjeturas por ahora, claro”.

 

Cabe destacar que, pese a lo que muchas personas tienden a pensar, en estas elecciones a presidente de la CEE no se presenta ningún obispo, simplemente salen elegidos y, por tanto, en principio se encuentran en la obligatoriedad de asumir el cargo, siempre dentro de lo razonable.

 

“Personalmente, le veo con fuerzas”, sigue Cuaresma. “Él está muy preparado teológica y lingüísticamente, y además todos los obispos son conscientes de que si Jesús no se bajó de la cruz en su momento, ellos también se encuentran en la obligación moral de no rendirse para estas situaciones”, concluye. Con el misterio del arzobispado de Valladolid flotando en el aire, la cuestión es que Blázquez comienza una nueva etapa.

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