Aquella entrañable Feria de Muestras

La Feria celebra este año su 80 edición. El paso del tiempo ha mejorado esa oferta que, con la mirada atrás, nos lleva obligatoriamente hacia un emotivo 'regreso al futuro' con una mirada al pasado. 

Mirar atrás con nostalgia. Simplemente eso sirve para recordar años gloriosos para la Feria de Muestras de Valladolid. Su visita era obligada en cada edición; algo así como un día grande en las fiestas de Valladolid.

 

Para empezar, su recorrido por esos pabellones todavía marcados con las líneas de una cancha deportiva que, por ejemplo, fue el origen del actual Club Baloncesto Valladolid. Había stands irrechazables, donde repetías visita año a año aunque fuera para ver lo mismo. Aquel avión de corcho que iba y venía directamente a la mano del señor que lo lanzaba. Luego te lo comprabas y, al llegar a casa, nunca era lo mismo que en la Feria. Ni volaba ni regresaba. Serían las cosas del dominio del aparato en cuestión. Era un clásico.

 

El famoso stand del avión de corcho que al llegar a casa nunca volaba.

 

Otro paso obligado era el espacio de Cola-Calo, donde te regalaban una gorra de cartón que dificilmente llegaba al final del día, pero ayudaba a soportar el sol porque, por entonces, en la Feria de Muestras había que salir al exterior muchas veces para seguir viendo todos los expositores.

 

Los nostálgicos pueden ver las fotos que acompañan este reportaje para comprobar la evolución de la Feria de Muestras. Desde su acceso, su vista panorámica e incluso algunos elementos como un camión de bomberos correspondiente a una época aún más primitiva (basta con observar la matrícula). 

 

Pero sigamos con aquellos paseos 'obligatorios'. El stand de Siro, donde siempre caía alguna galleta, el paso de nuestros mayores por café El Dromedario, o los inevitales de Fasa Renault o Citroën, que mostraban los avances de entonces con coches que quitaban el hipo; más o menos como ahora.

 

El expositor de Citroën, que montaba la empresa vallisoletana Carrión.

 

Una estampa muy común estaba en la zona de la maquinaria agrícola, que reunía a su alrededor a los profesionales del campo en una visita que no perdonaban. Normalmente se organizaban para venir directamente desde los pueblos. 

 

Y, claro, la salida. Eso era un trasiego que mostraba la típica imagen de gente cargada de bolsas con folletos e información promocional de todo tipo. Era la Feria de entonces, con toda la esencia de entonces.

 

 

 

 

 

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