Antonio 'Ferrari' pisa a fondo el acelerador en Valladolid

El diestro extremeño Antonio Ferrera corta una oreja tras una actuación importante y torera toda la tarde. Javier Castaño sin opciones y el debutante Joselito Adame, inédito, en la segunda de feria.

Segunda de Feria. Un tercio de entrada. Tarde calurosa.

Toros de Adolofo Martín. Primero, noble y soso, con cierta mansedumbre. Cuarto, noble, con movilidad y transmisión. Segundo y quinto, descastados, se acabaron pronto y tercero y quinto peligrosos y desrazados.

 

Antonio Ferrera (grana y oro). Saludos y oreja

Javier Castaño (lila y oro). Silencio y silencio.

Joselito Adame (verde botella y oro, con remates en blanco). Silencio tras aviso y silencio.

 

Se desmonteraron David Adalid y Fernándo Sánchez en el quinto.

Hubo un tiempo en el que así llamaban a Antonio Ferrera. El extremeño era el Ferrari de los toreros. Por su aceleración y rapidez en banderillas y a veces también con los engaños. Pero esta temporada el Ferrari se ha serenado y ha sacado a relucir la elegancia, la calidad, la exclusividad e, incluso, la exquisitez de su toreo. Como los modelos del Cavallino Rampante.

 

Esta tarde el ferrari de Antonio volvió a rugir. Y lo hizo con fuerza en Valladolid. Antonio Ferrari -de rojo metalizado y oro-, demostró que esta es su campaña, y pilota cada tarde como si fura la última. Profesionalidad, inspiración y diálogo con las corridas duras. Como la de Adolfo Martín. Si bien es cierto que A. Ferrari se topó con el lote más dulce de una corrida desrazada y deslucida, e incluso el cuarto tuvo transmisión, movilidad, fijeza y humilló con el morro por los suelos.

 

Desde el paseíllo se vio a un Antonio motivado. Pisó el acelerador de su ferrari desde el minuto uno, cuando se abrió a la verónica sin probaturas y dibujó un delantal con gusto al cárdeno que abrió plaza, tan noble como soso. Ferrari quiere más y lo demuestra en cada lance, en cada par y también con la pañosa.

 

Lo mejor: Antonio Ferrera y las cámaras de Canal Plus que retransmitieron la corrida en directo por el canal Toros de la plataforma.

 

Lo peor: la escasez de público en los tendidos. Pocos aficionados para presenciar una corrida 'torista', que tanto se ha demandado en Valladolid.

 

Pero Ferrari es sinónimo de fiabilidad. Como director de lidia, atento a cada situación. Siempre colocado para un quite; ofreciendo el capote cuando el tercero se lo arrebató a Joselito Adame. Ferrari es símbolo de lujo y ostentación; de toreo caro fueron algunos de sus pasajes con la muleta. Especialmente ante el repetidor cuarto donde el extremeño arrancó las mejores tandas, sobre todo en el toreo a la mano diestra, largo, profundo, templado.

 

 

Tiempo y distancia. Para que el bólido no se apagara. Como la seguridad de un deportivo, el veterano diestro se ciñó a los pitones, aguantando, tragando, porfiando… o como en ese tercer par al quiebro, en el que consistió que el cárdeno se le parase apenas tres metros.

 

Y si hace falta pisar a fondo se pisa. Y la aceleración como la de un Ferrari, de 0 a 100 en menos de cuatro segundos; para frenar en seco y desafiar en los medios al de Adolfo. Los acabados se dejan notar en cada detalle. Como cuando, con un par de rehiletes en la mano, le rectó antes de cerrar el tercio de banderillas un quite a la verónica, pausado y torero, rematado con una media tapizada en cuero del bueno.

 

Los mejores automóviles son los más versátiles. Así es también el bueno de Antonio, capaz de lidiar a la antigua usanza; con unas verónicas engarzadas en redondo y por bajo, muy suaves y sometidas. O despreciar la voltereta; a pesar de que una nueva cornada le haga pasar, de nuevo, por chapa y pintura. Y si ayer el Ferrari, que obtuvo la pole con diferencia sobre el segundo, no se hizo con un triunfo mayor, fue porque en el primero el público aún se estaba acomodando y porque en el cuarto no anduvo fino con el acero.

 

LOS ADOLFOS, DE VUELTA

 

Volvía Adolfo Martín a Valladolid. Un toro bueno, el cuarto, y uno noble pero mansito y sin fuelle el primero. El quinto se medio dejó y el resto fueron unas prendas. El salmantino Javier Castaño anduvo voluntarioso toda la tarde; atacó a su primero en cada muletazo, pero no bastó y en el quinto brotaron algunos derechazos que invitaron a la esperanza. Nada, todo se desvaneció. El toro embistió a arreones y diestro y animal se aburrieron en una faena sin más recuerdo. Quienes volvieron a desmonterarse fueron David Adalid y Fernando Sánchez, algo que ya ha dejado de ser noticia.

 

Debutaba Joselito Adame refrendado por su triunfo en Madrid y tras cuajar una meritoria temporada. Pero el mexicano se fue casi como llegó, inédito. Pechó con el peor lote. El tercero le medía en cada derrote y pasó un quinario con el estoque. En el sexto las cosas ya no estaban para muchas florituras y abrevió. Los pucelanos le despidieron con algunos pitos; no así al Ferrari que, con un poco más, debió abandonar en volandas el coso de Zorrilla. Una pena que no hubiera quemado rueda. Así es el nuevo ferrari de Antonio.