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Álvaro Rubio se despide con los suyos

Álvaro Rubio y Carlos Suárez se funden en un abrazo. ANDRÉS DOMINGO

Al lado de Carlos Suárez, con la presencia de Alberto Marcos, Víctor, Aramayo y personal del Real Valladolid, el centrocampista dedicó unas palabras a todas las partes del club.

El Real Valladolid anunció la convocatoria en la misma mañana de este martes; deprisa y corriendo. Pese a que el jugador conoció la decisión de Paco Herrera el pasado 26 de julio, no ha sido hasta el 2 de agosto cuando se puso delante del micrófono para hablar sobre su futuro.

 

Lo hizo en la sala de prensa de Zorrilla, en aquella en la que tantas veces ha estado a lo largo de las diez temporadas vividas como blanquivioleta. Había mucha expectación por conocer si seguía en el Pucela -más allá de como jugador- o hacía las maletas en busca de una última oportunidad. Finalmente fue la segunda opción la elegida, por lo que a lo mejor también tiene que ver con el retraso de una semana.

 

El caso es que la despedida quedó un poco pobre por la precipitación de la misma, pero se sintió arropado por los que pudieron acompañarle en el último adiós. No podía faltar Carlos Suárez, el presidente con el que desea encontrarse "donde sea". "Siempre ha confiado en mí", apuntó. Por ello, estuvo a su lado en todo momento y también se mostró visiblemente emocionado.

 

Rubio fue dedicando unas palabras a las diferentes ramas que conforman el club: oficinas, lavandería, cuerpo médico, fisioterapias, mantenimiento del campo, utileros... Pero se detuvo en varios nombres, como Jorge Santiago; 'La Mona' y Justo; o Paco Santamaría Uzqueda, el delegado. Sobre este último dijo que "es como un padre". Y en tono jocoso se giró hacia Suárez para avisarle: "Dile que no se relaje porque el puesto puede ser mío en el futuro".

 

No quiso olvidarse del entrenador con el que empezó todo: José Luis Mendilibar. "Era su sobrinillo", comentó con una sonrisa. El de Zaldívar le dio los galones en su llegada en la temporada 2006/07 y fue su faro durante los años que dirigió al conjunto blanquivioleta.

 

Rama a rama, continuó por el árbol del Real Valladolid hasta llegar al apartado de los compañeros. "De muchos soy amigo suyo", señaló. Pero se detuvo en un nombre, el de Alberto Marcos. En ese momento tuvo que hacer una pausa porque parecía que iba a echarse a llorar, pero calmó las emociones y dijo que es "una persona especial".

 

Sobre la afición apuntó que le ha hecho sentir "parte de la historia". Razón no le falta, ya que el riojano es uno de los jugadores más queridos de los últimos tiempos. Además, en las últimas temporadas, que no han sido buenas, el público de Zorrilla le requería en muchas ocasiones.

 

En cuanto al apartado más personal, de la familia destacó a su padre, quien "se ha tragado unos cuantos partidos horrorosos, frío y barro". También a los amigos, aunque, sobre todo, a su esposa y a sus hijos. "Lo mejor que tengo", expresó. "Mi mujer me ha dicho todas las verdades que no he querido oír", concluyó.

 

Tras esas últimas palabras, se fundió en un abrazo con Carlos Suárez, quien tenía las lágrimas en los ojos. Después acudió a mostrar sus agradecimientos, con el mismo gesto, a las personas que le acompañaron en su despedida.

 

FOTO: ANDRÉS DOMINGO

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