Al Real Valladolid le hacen un siete y enciende las alarmas del descenso (2-1)

Toquero y Moyano, en una acción del partido. ALAVÉS

Los blanquivioletas cayeron derrotados ante el Alavés en un partido igualado en el que tampoco tuvieron fortuna. Séptimo partido consecutivo sin lograr la victoria.

Abajo, abajo, cada vez más abajo. El Real Valladolid ha entrado en un pozo del que no puede salir, simplemente no sabe cómo hacerlo. La caída se prolonga semana tras semana, y ya se sabe que de cuanto más alto se cae, más duele el golpetazo. La cuestión es que los blanquivioletas fueron derrotados este domingo en Mendizorroza ante el Alavés por 2-1 y se acercan un poco más al descenso, que ya está a seis puntos a falta de cinco jornadas.

 

Y eso que tampoco lo hicieron tan mal los de Alberto López, no al menos a tenor de lo visto en los últimos encuentros. Bien es cierto que no fue un choque de relumbrón precisamente, y de hecho los vallisoletanos volvieron a dejar al aire sus carencias, pero al menos no se vio ese equipo completamente muerto visto recientemente. Vale, el resultado fue el mismo, pero no al menos las sensaciones.

 

Comenzó el Real Valladolid con un estilo ramplón, soso, a favor del Alavés, con un Toquero y un Kiko Femenía, a los que pronto se uniría un espectacular Juli, con los que esta noche tendrán pesadillas los defensores blanquivioletas. El Pucela, por momentos, corría como pollo sin cabeza por Mendizorroza con algún detalle puntual, pero con cero peligro.

 

En esas que el Alavés seguía insistiendo a la búsqueda del primero cuando Kepa fue el único que decidió sacar un poco de orgullo bajo palos. Mientras sus compañeros se dedicaban a verlas venir, él solo se cargó la responsabilidad del partido a las espaldas y salvó la situación con varias intervenciones de mérito hasta que el cuerpo le dijo basta.

 

Había conseguido alcanzar el Pucela el descanso con el nimio resultado de 0-0 a la espera de encontrar el milagro en la segunda mitad cuando sucedió lo previsible. Bordalás, ese entrenador que se caracteriza por imprimir agresividad a sus jugadores a cambio de resultados, acertó con los cambios. Vaya si lo hizo. Adentro Manu Barreiro, primer gol. Adentro Sergio Llamas, otro. Entre medias Roger había puesto el empate tan solo un minuto después del primer mazazo, pero poco importaría.

 

Y es que el segundo bofetón se dio en el minuto 85, con el Valladolid volcado en ataque a la búsqueda del 1-2, con la cruel ironía de que se encontró el 2-1. Suena a tópico, pero el fútbol es así. Y por seguir con los tópicos, quizá con el equipo en otra dinámica el resultado hubiera sido otro, pero este Pucela parece destinado a tropezar y tropezar y obligado a avergonzar a su afición, que ya no sabe a qué agarrarse.

 

La segunda parte, más allá de los goles, fueron un constante quiero y no puedo de los de Alberto López. Roger solo como un islote, Tiba incapaz y Mojica a su bola, los once blanquivioletas vinieron a demostrar una vez más que este año no hay feeling, no hay magia, no hay estilo. Y eso no solo te castiga sin un ascenso que ya es una quimera desde hace semanas, sino a un posible descenso si no tienes un mínimo de dignidad para rematar la faena en las pocas jornadas que quedan.

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