Aganzo descubre en su pregón "el grito interior" de la Semana Santa de Valladolid

El poeta y periodista invita a mirar "el mayor auto sacramental" de la Semana Santa con "ojos de amor y silencio". Destaca cofradías, imagineros y pasos; y descubre "esa maravillosa colección de actores de reparto: sayones satíricos, grotescos y caricaturescos".

“Valladolid tiene el corazón trenzado con los ñudos de la historia. Correoso en la superficie y tierno en el interior. Encellado por fuera y ardido por dentro. Entrevelado de niebla y de nostalgia… Lo tiene siempre así, de enero a diciembre y de lunes a domingo, pero lo tiene muy especialmente cuando toca a Semana Santa”. Así ha empezado el poeta y periodista Carlos Aganzo su pregón de la Semana Santa de Valladolid, ante una abarrotada catedral.

 

Aganzo ha destacado de la pasión vallisoletana “la experiencia de la contemplación de la belleza, la emoción del drama y el escenario de un sueño en las calles de Valladolid”. No obstante, el director de El Norte de Castilla dice que lo que “más estremece” en las procesiones es “la predilección por el silencio”. Para el poeta abulense no es un “silencio vacío, sino grito interior”.

 

Tanta importancia ha dado a este aspecto Carlos Aganzo que incluso ha titulado su pregón como ‘La única voz del silencio’. “No ausencia simple de sonido, sino presencia de la música callada, el sonido secreto que ilumina el alma y la prepara para un turbadora experiencia sensitiva”.

 

Y en el pregón de un poeta no podían faltar versos. Algunos tan conocidos como los de Octavio Paz, Gerardo Diego o Gonzalo Rojas, pero también de Carlos Murciano, Pedro Miguel Lamet, Emily Dickinson y José Ángel Valente, que se van trufando en un texto que recorre los principales momentos de la Semana Santa de Valladolid “el mayor auto sacramental al aire libre que existe”.

 

Un paseo por las grandes cofradías vallisoletanas, pero también por los grandes imagineros y la secuenciación de la Pasión de Cristo materializada en los 59 pasos que desfilan durante los diez días santos. Aganzo reitera que no es posiblemirar con aprovechamiento todo este museo vivo, teatral y callejero si no lo hacemos con verdaderos ojos de amor y silencio”. El pregonero confesó su debilidad por Juan de Juni y por su talla de Nuestra Señora de las Angustias.

 

Palabras destacadas para “esa maravillosa colección de personajes secundarios, que actúan en este teatro litúrgico, a lado de los protagonistas principales”. “Esos sayones satíricos, grotescos, caricaturescos, enojosamente parecidos a lo más feo de nuestros corazones”, y ha destacado entre todos ellos a los esculpidos por Gregorio Fernández. 

 

“Nadie como él supo retratar a Jesús mortificado, pero tampoco salió de ningún otro taller, como del suyo, una colección de actores de reparto que en sus expresiones, en sus modos, en su ademanes, llevan también esa carga, un poco tosca, un poco salvaje pero tremendamente significativa, de los personajes de las novelas de Miguel Delibes”.

 

Incluso Aganzo los imagina “cobrando vida cuando nadie los mira, y actuando por su cuenta en las noches sin tiempo del Museo Nacional de Escultura, como en una pesadilla valleinclanesca…”, antes de enumerar algunos de los “grandes momentos estelares” de la Semana Santa de Valladolid, entre los que destaca el Pregón, el Sermón de las Siete Palabras y la Procesión General de la Sagrada Pasión del Redentor.

 

Y tras la muerte, la resurrección; “la hora del milagro”. “El único desenlace posible a la sucesión de tanto dolor, de tanta aberración humana, de tanta intemperie como hemos visto…”. Carlos Aganzo defiende “el ejercicio de la mística” y para alcanzar “el significado profundo hay que saber mirar con silencio”, dijo antes de poner fin a “nuestro gran auto sacramental, nuestra memoria viva del silencio”.