Acaban las fiestas de Valladolid: que empiece una reflexión porque no siempre todo vale

Unos jóvenes, en la zona de Moreras. TRIBUNA

Las fiestas de Valladolid han terminado y los diferentes grupos municipales realizan su particular balance metidos en el fragor de la batalla política. Pero la reflexión debe ser más amplia, apolítica y buscando un verdadero sentido de ciudad para evitar que se repitan escenas y escenarios poco edificantes.

Sábado 12 de septiembre. Poco más de la una de la madrugada, una hora comprensible en un ambiente de fiestas con la Plaza Mayor a rebosar por la actuación de los d'js de Máxima FM y gente, mucha gente de toda edad y condición por Valladolid; grupos de amigos, familias con niños, parejas, peñistas... En la calle Santamaría, casi esquina con Santiago, una joven de buena apariencia no tiene pudor alguno en bajarse las bragas y buscar un rincón para aliviar sus menores necesidades. Unos metros más adelante, en la calle Zúñiga, chicos más cargados emocionalmente riegan alegramente el paso de viandantes e impregnan por completo un suelo castigado de líquidos. Y todo, ante los ojos de paseantes anónimos. Y atónitos.

 

Poco más adelante, el Atrio de Santiago se convertía en una acampada improvisada con grupos de botellones empapados en comida que salía de La Mejillonera. Por supuesto, los restos o envases dejaban el rastro bien marcado. O en la calle El Peso, donde las jardineras que acotan las terrazas de los restaurantes eran depositarias de todo tipo de restos. Y qué no decir de ese escándalo que es Las Moreras y ningún equipo de Gobierno en Valladolid ha sabido atajar.

 

Los balances de unos y otros ensalzan la participación o el nivel cultural o critican el pregón o el vaso reciclable. Muy bien. Hasta ahora, hemos tenido mucha suerte en Valladolid por disfrutar de unas fiestas tranquilas, que pueden registrar incidentes y descontroles más o menos asumibles, pero se está jugando con fuego. El Ayuntamiento habla de concienciación y no aplicar medidas coercitivas para ciertos casos con el amparo de los datos, pero es necesario asumir que no siempre todo vale. De momento, hay un reconocimiento general sobre que el consumo de alcohol se ha disparado de manera considerable. Después del alcohol vienen todos sus añadidos en comportamiento y conducta.

 

Estamos a tiempo de evitar que los problemas se disparen. No es de izquierdas ni de derechas tomarse las cosas en serio y aplicar medidas más contundentes en materia de vigilancia. Asumir que no pueden consentirse esas imágenes por las calles que nos trasladan a una Magaluf cualquiera o confiar en la buena suerte hasta que ocurra algo grave de verdad en Las Moreras para llevarnos las manos a la cabeza. En definitiva, no se coartan libertades si se asume una prevención eficaz que no siempre sirve con el diálogo o la concienciación. En diferentes estados de euforia ya no se atiende a nada de eso. Y, por supuesto, aunque sean fiestas, no está todo permitido. Es una simple cuestión de respeto.

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