Janovoa original

Viceversa

Alberto Novoa

Minister, que no magister

 

Para saciar a unos mercados más hambrientos que nunca, el ministro Wert  ha perfilado un modelo educativo regresivo, que se opone diametralmente a los criterios y principios educativos democráticos y flexibles. Esto es, hacer de la educación una cosa de todos y para todos; hacer de la educación un bien que es preciso socializar para que todos podamos disfrutar de él; garantizar la renovación pedagógica, y en definitiva, modernizar el país. Muy por el contrario, se empeña en masificar las aulas, presionar y despedir a los docentes, no cubrir las bajas del profesorado y reducir la oferta educativa. Además del obstinado tesón por suprimir la Educación para la Ciudadanía, aumentar un año el bachillerato, y separar al alumnado por listos y tontos.

La política educativa del Partido Popular significa una involución escolar, una medida tecnocrática de la mano de un personaje democristiano y un radical neoliberal, que nos arrastra a un modelo educativo de mimbres conservadoras, al más puro estilo franquista. Así, la reforma educativa del ministro Wert cumple con una doble función: punitiva, para castigar a unas clases obreras, cual marionetas, haciéndolas responsables de una crisis que no han creado, y preventiva, para garantizar las élites de la sociedad que serán el caldo de cultivo para abonar la €œNueva España€.

Medidas que obviamente dan primacía a la tradición y al elitismo y que dejan en entredicho la condición de educación pública y universal. Medidas muy similares a las adoptadas por el Ministerio de Educación en los primeros años del franquismo, cuyas consecuencias derivaron en la expansión de la enseñanza privada y no estatal. Medidas que solo justifican su inoperancia en materia económica, la falta de empleo, la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores y, la destrucción del estado de bienestar.

Pero no tenemos miedo. La primavera ha llegado con ganas de quedarse. Este periodo viene marcado por huelgas, manifestaciones y lucha permanente ante la falta de credibilidad de unos gobernantes ineptos y corruptos, la carestía de la vida, los bajos salarios, la pérdida de garantías sociales básicas, y por la coyuntura internacional, profundamente influenciada por los €œmercados€. La educación para Rajoy y su Ministro de Educación, como en el último periodo del franquismo, no es un factor de formación de ciudadanos demócratas, ni mucho menos, al servicio de la transformación social, sino que la utilizan despóticamente como arma del tecnocratismo: la educación al servicio del desarrollo económico capitalista español de un régimen político autocrático.

Estaremos en las calles, y no daremos ni un paso atrás. Ya ocurrió con anteriores ministros como Ruíz Giménez y Lora Tamayo: fueron los movimientos estudiantiles los que acabaron con su ministerio. Ahora, en el s. XXI, el movimiento estudiantil no está solo, le acompaña toda la comunidad educativa. Adelante, podemos, NO PASARÁN. Nos vemos en las calles.

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