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Vecinos y vecinas

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Blog de Chema Collados. Fevesa. Salamanca

El derecho a descansar y también a festejar

Un fin de semana más, que se inicia desde el jueves gracias a la nueva normativa que aprobó la Junta de Castilla y León hace meses y a la que se opuso el movimiento vecinal, la policía ha tenido que imponer decenas de denuncias por ruidos en nuestra ciudad.
Estas denuncias vienen motivadas especialmente por las numerosas fiestas que se realizan en los pisos de estudiantes. En ellas, la música supera los niveles permitidos y los vecinos, cansados de aguantar, deciden llamar a la policía para poder disfrutar su derecho a descansar.

Con todas estas denuncias encima de la mesa y las ordenanzas de convivencia ciudadana, sin embargo, en vez de disminuirse este tipo de infracción, siguen aumentando semana a semana y siguen cubriendo páginas y páginas del Boletín Oficial de la Provincia lo que deja entrever que la represión no es la solución sino que es necesario afrontar esta situación con otro tipo de medidas.

Por otra parte, no cabe duda de que las fiestas en los domicilios han aumentado desde que se prohibió el llamado botellón lo que debería hacernos reflexionar de si, quizá, las posibles molestias que se sufrían en las calles se han trasladado con aún mayor virulencia al interior de los edificios.

En este sentido, y por mucho que sorprenda, las asociaciones de vecinos nunca han pedido la prohibición de los botellones. Así, no parece lógico que se permita beber a la gente en las terrazas de los bares de nuestras calles y, sin embargo, dos metros más allá unos jóvenes estén bebiendo una cerveza en un banco y se les multe. Por ello, las asociaciones de vecinos lo que siempre hemos pedido es el respeto de los derechos, es decir, que se permita el llamado botellón pero que se compatibilice con el descanso de los vecinos, el respeto al mobiliario urbano y la limpieza de nuestras calles. Por eso es necesaria la presencia policial, por supuesto, pero siempre para intentar evitar los excesos del botellón y denunciar si estos se suceden.

Además, nosotros ya augurábamos que si a los jóvenes no se les dejaba hacer sus fiestas en las calles, éstos iban a realizarlas en los domicilios tal y como está ocurriendo en la actualidad y con unas molestias muchísimo mayores a las que existían anteriormente.

Quizá sea el momento de volver a retomar la situación y reflexionar y debatir en la llamada “Mesa del Botellón” de la que formarían parte vecinos, jóvenes, Ayuntamiento y Universidad cómo podemos compatibilizar las necesarias fiestas de los jóvenes con el necesario descanso de los vecinos. Seguramente una de las respuestas más acertadas estará en buscar un lugar público donde se permita realizar esta actividad como ya ocurre en muchas ciudades de España adoptando así los jóvenes ese lugar como referencia y dejando de lado las viviendas y las demás calles. A partir de ese momento se podrá ser más severo y tener mucha más fuerza moral contra los que no cumplan por haberle dado esta alternativa.

A su vez, nadie debe negar que el exceso de alcohol es muy perjudicial y hay que intentar evitarlo. Al igual que cada fin de semana hay denuncias por botellón, cada fin de semana hay decenas de llamadas al 112 por comas etílicos que no deben achacarse precisamente a los botellones sino a un consumo excesivo de alcohol sin apellidos.

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