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Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

Vuelve el curso y, con él, el Plan Bolonia

A pesar del título de este espacio, las -creo que merecidas- vacaciones me han permitido disfrutar de unas cuantas semanas de descanso en Salamanca, además de algún que otro viaje. Sin embargo, con septiembre, se acaba lo bueno. Se acaba lo fácil. El curso, ya sea en el colegio o el instituto para los más jóvenes, en la universidad o en otros estudios para muchos (entre los que me incluyo), o en el trabajo, comienza. Como tal, el nombre de este blog comenzará a tener todo el sentido ya que un servidor volverá a ser un salmantino en Madrid en todos los sentidos.

Gozar de este espacio es sin duda una oportunidad difícil de encontrar en estos tiempos actuales. Esto no permite tampoco abandonar unos estudios universitarios que ya son algo mínimo en el ámbito de la supervivencia en el mundo laboral. Con septiembre, el curso vuelve a comenzar y, como yo mismo, cientos de miles de estudiantes vuelven a las clases en las distintas universidades españolas.

También en Salamanca la Universidad vuelve a abrir sus puertas. Comenzando por los exámenes extraordinarios (difíciles de compaginar con las esperadas ferias y fiestas de la ciudad o las casetas esparcidas por las calles), la llegada de alumnos tanto nacionales como internacionales de todas partes del mundo comenzará a notarse.

Sin embargo, tanto entre los profesores como entre los alumnos, siguen existiendo numerosos problemas provocados por el sistema educativo del Plan Bolonia. Por un lado, el pequeño número de profesores no alcanza el mínimo necesario para tratar las reformas de este plan que requiere una mayor implicación del profesor que, por lo tanto, no puede verse obligado a tratar con clases con decenas y decenas de alumnos.

Por otro lado, los alumnos, que en ocasiones parecen sujetos de experimentos sin sentido, se ven insertados en una especie de limbos entre el plan antiguo y el futuro. Una vez dentro de este limbo, en lugar de adaptarse progresivamente al nuevo plan, se ven obligados a ocuparse de las responsabilidades de estudio del plan antiguo al mismo tiempo que deben cumplimentar las tareas, semanales o mensuales, que se les encarga.

El principal problema de este plan, desde mi punto de vista, es el momento de aplicación del mismo. Está claro que la Universidad española necesitaba de una mejora, de innovación. Necesitamos una adaptación a un espacio educativo europeo superior a nuestros estándares. Pero esta adaptación ha comenzado en el peor momento posible. En un momento de crisis que no permite a las universidades ni aumentar sus infraestructuras, ni contratar más profesores.

Ante estas adversidades, en mi opinión, nuestra universidad debería tratar de aplicarlo de la mejor manera posible pero siempre teniendo en cuenta a todas las partes implicadas en el asunto. Todo esto, sin olvidar sectores esenciales como puede ser el de la investigación y dando la importancia requerida a la innovación, en todos los aspectos. Tal vez, una de las soluciones posibles sea la creación de nuevas titulaciones, más especializadas y únicas a nivel nacional o incluso internacional, en campos en que la Universidad de Salamanca es líder y que la convierten en un referente educativo.

Mientras tanto, tratemos de continuar esforzándonos al máximo para que, al menos las generaciones futuras, disfruten de una educación superior al mejor nivel y que, al estilo de los países más desarrollados de Europa, no solo no sea necesario pagar por unos estudios superiores, sino que aquellos que se decidan a aventurarse en los estudios, reciban una subvención a cambio. Sin duda, los resultados serían mucho mejores.

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