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Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

Viajando por Brasil I

De vuelta a la rutina en un año que está siendo de todo menos normal uno mira hacia atrás y hacia las nuevas experiencias que ha vivido. Aprovechando el receso de mitad de año, un poco tardío debido a las consecuencias de una huelga tal vez demasiado extendida, hemos viajado. Brasil no es un país pequeño precisamente y, si en un territorio particularmente pequeño como es España nos encontramos un amplio conjunto de pluralidades imagínense lo que podemos ver por aquí.

Nuestra primera parte del esperado viaje fueron las tierras acuciadas por la sequía del Nordeste brasileño. Para que se hagan una idea, el nordeste conforma un gran número de estados entre los que se encuentran Maranhão, Piauí, Ceará, Rio Grande do Norte, Paraíba, Pernambuco, Alagoas, Sergipe y el gran estado de Bahía. Nosotros nos limitamos a hacer un recorrido por la costa, desde Natal hasta la conocida (y supuestamente peligrosa) ciudad de Recife.

 

Lo primero que llama la atención de esta región es el tiempo. Con un verano - para nosotros, europeos, el tiempo aquí siempre es verano pero en el Nordeste mucho más - que dificulta incluso el movimiento y que explica, y mucho, la forma de ser del nordestino. El calor pegajoso solo se ve limitado por los aparatos de aire acondicionado que proliferan por las medianeras de los edificios. Aunque también ayudan un sinnúmero de ventiladores, la cachaça y la comida picante.

 

El nordestino, por tanto, es un hombre tranquilo, sin prisas, y que tal vez define muy bien la imagen de brasileño que existe en el exterior. Una imagen que cada vez se acerca más a la del típico carioca. Pero ante este calor si hay algo que funciona son las playas. Unas playas que, si no las han visto aún, seguro que ya forman parte del imaginario de playas paradisíacas de nuestra cabeza.

 

Playas de arena blanca y dorada, rodeadas por dunas de arena, por montañas de caliza o por cocoteros. Playas con muchas olas o tranquilas, con corales y arrecifes; incluso, con delfines o hasta con los casi olvidados manatíes. Y en estas playas, libradas muchas de ellas aún de turistas y hasta locales, se logra mantener la virginidad que en pocos lugares se encuentra. Con un color turquesa que hace que sean aún más especiales.

 

Para quien viene de fuera, e incluso para muchos brasileños, resulta interesante encontrar zonas en las que el hombre apenas pisa. Sus únicos habitantes son aquellos realmente brasileños. Aquellos que aún resisten a las múltiples invasiones portuguesas, holandesas o francesas y que, desde hace algunos años, mantienen como reservas naturales las maravillas de la naturaleza.

 

Este nordeste, sin embargo, parece decidido a cambiar. Las casas pequeñas que en su momento fueron de adobe (y de las que aún quedan algunas) ya son todas de ladrillo, y aquellas que eran de piedra se han transformado en nuevos y grandes rascacielos que copan la visión desde cualquier punto de la costa.

 

En otras zonas, la caña de azúcar o los cocoteros se juntan en kilométricas plantaciones y fazendas cuya inmensidad cuesta medir. E incluso, en aquellos lugares que fueron en su momento reductos del movimiento hippie, y que aún lo son como la Playa de Pipa, se ven invadidos ahora por apartamentos de lujo y hoteles resort de cinco estrellas.

 

El ganado también se encuentra desde la carretera, o lo que queda de él. En lo que llevamos de año, medio millón de vacas han perdido la vida por inanición. La seca, como cada cierto tiempo, vuelve a ser un problema nacional escondido por la ya cercana Copa Confederaciones. Probablemente escuchemos mucho sobre esta región en un par de meses ya que el equipo español se alojará en Recife.

 

Eso sí, a pesar del crecimiento no se puede olvidar la dependencia agrícola de esta región en la que siguen existiendo los pobres escondidos a la sombra de los grandes rascacielos y dependiendo de la 'bolsa familia' del (ahora imputado) ex presidente Lula. Una clase baja que se ve desbordada por la nueva oleada de drogadicción y violencia provocada por el crack.

 

Y, a pesar de todo, la hospitalidad y la alegría continúan caracterizando a la región más bonita de Brasil y en la que la comida, aunque simple, nunca decepciona.

 

Alberto Órfão

Twitter: @a_orfao

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