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Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

Los deslices de nuestra fiesta

Madrid, como capital, es una ciudad eminentemente turística. No es extraño, y de hecho sus habitantes se acostumbran a ello, cruzarse continuamente por las calles y zonas más monumentales o por las repletas rutas de comercios con extranjeros. Como una avalancha los turistas ingleses, franceses, alemanes o japoneses se arman de sus diversas mochilas y enseres para recorrer y €˜visitar€™ la ciudad. Esta ciudad puede ser cualquiera. También Salamanca.

Tenemos la suerte, quienes vivimos aquí, ya sea durante todo el año o por épocas, de tener una ciudad rica en prácticamente todos los sentidos. Excepto por la ausencia de playa y tal vez, en algunas ocasiones, debido a la red de transportes existente, en el resto de aspectos podemos disfrutar en Salamanca de muchos tipos de turismo y de gran variedad de opciones a la hora de explorar los rincones más escondidos.

Desde familias o parejas mayores hasta viajes de intercambio de jóvenes o el turismo de €˜cercanía€™ proveniente de Madrid, Extremadura u otras provincias de Castilla y León. Salamanca es una ciudad para todos los públicos. Unos prefieren la visita más cultural disfrutando de las catedrales, la Universidad o la Plaza Mayor. Otros se ven llamados con más facilidad por las opciones gastronómicas, que no están nada mal. Otros tal vez visitan la ciudad tras sus responsabilidades académicas y, la gran mayoría, principalmente entre los jóvenes, no se olvidan de la fiesta.

La fiesta salmantina debe de tener algo, algún ingrediente secreto que, para bien o para mal, ha generado una fama ya casi internacional. Una de las claves es el enclave estudiantil que existe alrededor de las universidades charras. Miles de jóvenes aparecen durante el curso para €˜hacer bulto€™ y llenar la ciudad hasta los topes. Por la noche, esto se traduce en un no parar durante prácticamente toda la semana. Cualquier día vale. A cualquier hora puede uno salir de casa. Y, de hecho, esto cada vez se toma más en serio.

Pero como ya decía antes, esta €˜atracción€™ turística puede tener su lado bueno y su lado malo. El peor lado queda bastante claro al tratarse de salir de fiesta: la bebida. La bebida en las cantidades en que es tomada por muchos de los participantes de la fiesta salmantina puede tener unos efectos secundarios demoledores. Aparecen los daños colaterales.

Como daño colateral me refiero a acciones en contra de la propia ciudad. Desde tatuar monumentos con firmas y spray hasta romper bancos en parques o, quien sabe, robar una concha o partirle el brazo al astronauta de la Catedral. Tal vez se deba a simples gamberradas o a actos aislados y no tenga ninguna relación con la fiesta aunque en muchos casos, el alcohol aparece de por medio para dar el último empujón hacia el acto delictivo.

En ningún momento me plantearía eliminar la fiesta, ni tratar de controlar más las calles (aunque esto último puede que ayude en días de mucho movimiento como la Nochevieja Universitaria), sin embargo el problema de fondo está en la educación. Tenemos que darnos cuenta de la riqueza que existe alrededor de donde vivimos y respetarla y cuidarla como nuestra porque, lo que en un momento determinado puede parecer una pequeña broma termina convirtiéndose en una costumbre de la que nadie sale beneficiado.

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