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Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

La Semana Santa y el santo medallón

Ya estamos en Semana Santa y, como cualquier buen salmantino, toca volver a casa, que las fiestas hay que guardarlas –aunque solo sean unos pocos días-. Una semana esta llena de seriedad, pasión y fe, por todas las esquinas y por muchas de las calles; siempre que no llueva, claro.
Lo cierto es que hay que reconocer el valor histórico y patrimonial que esta semana ha ido dejando a lo largo de los siglos tanto en nuestra ciudad como en nuestro país en general. Recuerdo un cómic de Astérix y Obélix en el que me alegraba al ver aparecer el nombre de mi ciudad –suponía que Salmántica se refería a Salamanca- cuando los guerreros galos viajaban a Hispania y se encontraban con diversas procesiones en varias ciudades.

Ayer mismo volvía a admirar este patrimonio al ver en el telediario los preciosos trabajos de los mantos y capirotes de Lorca y que, a pesar del terremoto, han conseguido salvar. Unos tejidos que, a simple vista, parecen pinturas dignas del mismísimo Miguel Ángel.

Y es que hay tradiciones que, gusten más o menos, se deben mantener o al menos conservar adecuadamente. Unas tradiciones, claro está, siempre que no hagan daño a nadie y respeten la libertad de las personas. Y es que este pasado fin de semana, parte del llamado ‘patrimonio’ de la ciudad ha vuelto a ponerse en boca de la gente buscando su desaparición.

Sí, señores, se trata del (famoso) medallón de Francisco Franco que se encuentra en nuestra querida Plaza Mayor. El domingo muchos tuiteros trataron de hacerlo Trending Topic –uno de los temas más hablados- pero, a pesar de la colaboración de personajes de gran relevancia como Jordi Évole, Marta Fernández o José Corbacho, entre otros, el Tour de Flandes y, posteriormente, el fútbol, no dio lugar a mucha repercusión, al menos nacionalmente.

No hace mucho mi compañero Óscar Sánchez Alonso escribía en su blog en este mismo medio acerca de la posibilidad de retirar este trozo de piedra de Villamayor. Pues bien, suscribo prácticamente en la totalidad sus palabras. Es cierto que también hay otros medallones, como el de Fernando VII por ejemplo, de antiguos jefes del Estado (llamémoslo así) que fueron probablemente peores que el generalísimo. Sin embargo, igual que los líderes cambian, los tiempos también.

Con el tiempo nos hemos dado cuenta de que los dictadores no merecen una representación pública. Lo hemos visto en Alemania con Hitler o en Portugal con Salazar y aquí lo hemos ido viendo, poco a poco, con la retirada de estatuas, retratos e incluso nombres de calles. Pero a pesar de todo, en nuestra Plaza Mayor sigue habiendo uno de estos símbolos que, como bien dice Óscar Sánchez, solo tendría cabida con un sentido pedagógico.

Desgraciadamente, y no sé si se debe a una educación deficiente a muchos niveles, a una amnesia generalizada en distintos sectores o a una fuerte influencia familiar, hay un número de personas que no solo no comprenden el sentido pedagógico sino que tratan a este medallón con el sentido primero que este tuvo: el de ‘alabanza al líder’.

Por esta razón, principalmente, mi opinión es la de que debería retirarse inmediatamente. Porque si un simple trozo de piedra al que, por mi parte, no le veo un gran sentido artístico genera tantas discusiones y tanta crispación... ¿Por qué no quitarlo? Quien tomase esa medida, desde luego, estoy seguro de que no sería abucheado, sino todo lo contrario.

Alberto Órfão
Twitter: @a_orfao

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