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Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

La carnicería de moda

“Guapos, atléticos, simpáticos y con una sonrisa de infarto”. Así describía la revista Yo Dona a los 101 “cuerpazos”, venidos de todo el mundo, con los que inauguró la famosa firma Abercrombie & Fitch su primera tienda en Madrid. La inauguración, que tuvo lugar el día 3 de noviembre, generó una gran expectación tras el largo año de restauración del Palacio de las Aguas, situación estratégica dentro del madrileño Barrio de Salamanca que alberga este ‘centro de la moda’.
Tanto el día de su apertura como las semanas posteriores a la misma las colas para entrar –sí, seguimos hablando de una tienda de ropa- doblaban la esquina y las aceras se poblaban de personal. Decenas de chicas adolescentes, y no tan jóvenes, esperaban ansiosas para poder apreciar, ver, fotografiarse o incluso tocar a estos ‘dioses’ del género masculino.

Porque la ropa era lo de menos. Las colas no estaban repletas de todas esas señoras que vemos en la televisión cuando comienzan las rebajas; de hecho, la ropa de esta marca no se caracteriza precisamente por tener un precio asequible. Al contrario. La juventud se acumulaba a su entrada para admirar y, porque no, babear frente a estos chavales. Lo de comprar, ya se vería después.

Y es que esta empresa ya protagonizó un sonado debate en Estados Unidos cuando ofreció dinero al reality estadounidense Jersey Shore para que sus prendas de ropa no aparecieran en ningún momento en pantalla. Se trata de una estrategia totalmente nueva. Ya no se trata de pagar para mejorar la imagen de la marca, sino de hacerlo para evitar que la marca se relacione con estos individuos que yo calificaría de ‘cani’ americano y que devaluarían el estatus de ‘marca pija’ que tiene.

Pues bien, el debate que a mí me gustaría generar con este humilde post es si este reclamo publicitario (utilizar a hombres semidesnudos de cintura para arriba) es moralmente aceptable. Si en este momento una marca cualquiera, de cualquier sector, decidiera utilizar como reclamo a una serie de mujeres en paños menores para atraer clientes, se nos vendría el mundo encima.

No solo el feminismo en general, sino una gran parte de la sociedad (entre la que me incluiría) nos indignaríamos profundamente por la utilización de la mujer como un objeto sexual con ánimo de aumentar las ventas. Incluso los olvidados representantes de la igualdad, promovida por el gobierno saliente, se revolverían y atacarían sin pensárselo contra esta práctica.

Sin embargo, parece ser que unas pocas decenas de buenorros no hacen daño a nadie. Llevamos muchos años tratando de que no se perciba a la mujer como una maceta pero ahora esta marca nos ofrece un hombre-objeto, el que parece ser el producto definitivo, y que a nadie parece escandalizar. Al contrario, todo el mundo parece encantado (menos alguna periodista de Las Provincias) e incluso alaban la acción publicitaria de la marca.

Esta es mi opinión al respecto, pero me gustaría conocer la de otras personas y ver si no soy el único que piensa de esta manera o si, por el contrario, no soy más que un perro verde como cantaba Kutxi Romero desde el escenario del Sánchez Paraíso el sábado pasado.

Alberto Órfão
Twitter: @a_orfao

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