Alberto orfao original

Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

La barbería

Hay una serie de lugares característicos para los periodistas en los que es fácil hacerse una idea de los temas que preocupan a la sociedad, al menos en parte. En España, no hay duda de que un clásico de estos lugares es el bar. Igual que en el siglo XIX muchos españoles acudían a las famosas, y ya olvidadas, tertulias de los cafés de la época, desde hace bastantes años hacia acá los bares han ido tomando ese lugar.

Quién no piensa automáticamente en bares como la famosa taberna de Tinín, el personaje de Cuéntame, en la que "no se puede hablar de política" aunque todas las conversaciones terminan acercándose al tema. Pero hay otros lugares en los que también se producen algunas de estas conversaciones, aunque cada vez sea más difícil encontrarlos en nuestros pueblos y ciudades: la peluquería.
En este tema, podría decir que yo soy una persona muy conservadora. Yo soy de esos a los que le gusta ir a esas peluquerías de toda la vida. Esas que mi madre llama "de hombres". Aquí en Brasil hay dos tipos de peluquerías: las peluquerías propiamente dichas, en las que se vende un peinado, más que un corte de pelo, y las barberías, que serían un equivalente a esa 'peluquería de hombres' de la que habla mi madre.
Esta semana, por motivos obvios, he tenido que acudir finalmente a recibir un necesario corte de pelo y he optado por esta segunda opción, si bien con un precio mucho más asequible -que nada tiene que envidiar a los precios de peluquerías madrileñas-, del estilo que a mí me gusta.
Una vez dentro, la radio acompaña a los tres barberos que trabajan a destajo en un pequeño local en una de las zonas más adineradas de Río de Janeiro -y probablemente de todo Brasil-. Interesante es, sin duda, que en este país los 'negocios de toda la vida' siguen triunfando y aún les cuesta a los brasileños abandonarlos por las multinacionales que poco a poco se van aposentando. La puerta no deja de abrirse y en ningún momento falta el trabajo.
Como decía, la radio pone banda sonora a la labor de los empleados; mientras, un presentador comienza a hablar de un hombre feo, corrupto, incluso cruel. "Lo tiene todo", bromea el peluquero mientras me recorta las patillas. Y en ese momento, la sorpresa es aún mayor. El locutor se está refiriendo al ex presidente Lula.
Al poco de la conversación, mi acento portugués (de Portugal) se hace notar fácilmente. Y aparece esa pregunta, que cada vez se hacen más brasileños. "ÂżY allí no lo queréis [por Portugal]?", pregunta retóricamente. "Porque con lo bien que le habéis puesto todos estos años en Europa...". Le respondo que no, que ya tenemos bastantes problemas, pero que creo que su ex presidente ya no tiene el mismo aspecto que antes, que está cambiando, en gran parte, gracias a este gran juicio que se está celebrando en estos momentos (el juicio del MensalĂŁo).
Y es que muchas veces, la visión exterior es muy diferente de la interior y propia de un país. Solo hay que ver este caso en Brasil, la victoria de Chávez en Venezuela o los estereotipos españoles que hay en estos momentos en Alemania. Mientras tanto, gobiernos, dirigentes, periodistas y economistas deberían bajar un poco más a la calle; ir más a la peluquería o al bar para saber qué es lo que realmente se cuece entre la gente e ir más allá de unos números que han dejado de representarnos.
Alberto Órfão
Twitter: @a_orfao

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: