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Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

'Exiliado' en Madrid

Soy salmantino. Hasta ahí todo correcto. Sin embargo, a esa descripción de mí tengo que añadir un pequeño matiz, muy característico de gran parte del colectivo charro: estoy exiliado, y en Madrid. Como muchos otros antes de mí y, a este paso, unos cuantos más en los años posteriores, distintas circunstancias de la vida me han traído hasta la €˜Capital del Reino€™. En mi caso ha sido el del estudio (quién lo diría habiendo nacido precisamente en Salamanca), aunque en la mayoría de los casos se trata de la búsqueda de un sustento, de un empleo con el cual poder gozar de una vida digna.

No nos encontramos en el mejor momento. La tasa de paro a nivel nacional supera el 20%, pero a pesar de ello en nuestra provincia, y en concreto en Salamanca, no presenta unos niveles tan altos €“aunque no dejan de ser preocupantes-. El problema viene de lejos. A pesar de disponer de tan buenas infraestructuras educativas, gran parte de la población joven de la ciudad emigra a otras ciudades.

Al presentar una gran oferta educativa, cultural y de oportunidades, la mayoría de exiliados terminamos en Madrid. Nuestra capital, a cada año que pasa, se convierte en una ciudad con mayor diversidad de culturas, nacionalidades y procedencias. La nuestra, aunque se difumina junto a otros grupos de procedencia castellana, es bastante numerosa.

En este espacio que me cede Tribuna.net, pretendo dar voz a todos aquellos que nos encontramos a cientos de kilómetros de nuestra casa pero que, ya sea mediante el deporte, con el Avenida o la UDS (!Ay, qué sufrimiento el nuestro!), nuestras familias o, simplemente, al hacer promoción de nuestra bella ciudad, nos sentimos más salmantinos y más charros que ninguno. Entre otras cosas incluso participamos de algunas de las tradiciones típicas salmantinas como la del Lunes de Aguas si logramos recibir algún trozo de hornazo de nuestra madre.

Como dijo Jorge Luis Borges una vez: €œEl patriotismo es la menos perspicaz de las pasiones€. Yo trataré de ejercer un patriotismo sano, perspicaz y constructivo. Nuestra ciudad dispone de un potencial maravilloso y que debemos aprovechar, pero no debemos olvidar que siempre podemos mejorar y tratar de llevar el nombre de nuestra tierra hasta lo más alto. El potencial está ahí, ahora nos toca utilizarlo.

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