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Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

De mayorías absolutas y minorías

Más de 10 millones y medio de personas han elegido este domingo. En Madrid no era difícil conocer el resultado salido de las urnas con apenas salir a la calle. Una calle, Ferraz, que acostumbraba en los comicios de los últimos años a presentarse repleta para las televisiones y los fanáticos, se vio desolada ante la derrota. Frente a ella, una Génova repleta tanto de personas como de banderas y que, entre gritos de todo tipo, arropó al nuevo líder elegido.
La caída del Partido Socialista era clara, evidente. Y es entonces cuando comienzan los porqués. ¿Por qué esta pérdida de votos? ¿Por qué la caída de la confianza? ¿Por qué la marcha de los votantes de toda la vida? Pues bien, por la situación económica. A pesar de las medidas tomadas y que, en realidad, han logrado frenar un poco el avance de la crisis económica –aunque aplicadas demasiado tarde-; la posición lógica del votante es la de la pérdida de confianza en el político.

“Nos han llevado a la crisis”. Es un pensamiento generalizado en gran parte de occidente. La situación de recesión económica hace que el gobierno de turno se tambalee. Y eso lo demuestra la postura de Mariano Rajoy. Nuestro futuro presidente, en cuanto sea embestido como tal, no ha tenido un arduo trabajo. Las encuestas estaban de cara, la opinión pública muy en contra de las políticas tomadas y encima apareció el 15M, que fragmentó aún más la izquierda.

Mantener la posición. Esa ha sido la estrategia (ganadora) que ha elegido el Partido Popular. Sin dar muchos detalles, tratando de inspirar confianza, mostrando seguridad y unidad en los mensajes, así ha logrado en los últimos dos años el voto.

Mientras tanto, el resto de votantes observaba el movimiento 15M, la falta de credibilidad de algunos ministros o la pérdida de popularidad de otros, como González Sinde, los casos de corrupción en distintos partidos. Se suele decir que la izquierda es mucho más autocrítica en momentos de elecciones. Pues bien, la autocrítica ha sido dura. Esa autocrítica se ha visto la noche del domingo en Ferraz.

El resto del voto, que parece que apenas contaba en años anteriores, ha resurgido y parece que para quedarse. Partidos que parecían acabados, como Izquierda Unida; partidos muy criticados por ambos sectores, como UPyD; partidos de los que pocos se atreven a vaticinar su futuro, como Amaiur; y otros pequeños partidos que han tratado de proyectar unas ideas y unas soluciones diferentes. El bipartidismo ha bajado a un nivel cercano al 70%; el anterior estaba en torno al 83%.

Mucha gente ha sido consciente de su voto y ha optado por opciones minoritarias, con distintas ideas y también a modo de presión frente a las medidas de grandes partidos. Otros directamente no han aparecido por las urnas (Casi 10 millones de personas) o han votado en blanco o de forma nula. Una mezcla de románticos y desentendidos que aún piensan que un voto no cambia nada.

Pues bien, yo creo que el voto es algo esencial. Sea mejor o peor la ley electoral y aun quejándonos de ella debemos ejercer nuestro derecho, porque es nuestra forma de control a los políticos, que no son sino gestores del bien común, que es de todos. Reflexionando antes de acostarme la noche del 20 de noviembre pensaba en la mejor noticia de estas elecciones y para mí, sin duda, esa fue que esta legislatura será en la que más partidos haya representados en el parlamento. Ni más ni menos que 13; esperemos no sea el número de la mala suerte en este caso.

Alberto Órfão

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