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Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

De lenguas y lenguos

Este domingo aparecía una información muy controvertida acerca de la Real Academia Española de la lengua. El pleno de la institución aprobó un informe, realizado por el académico Ignacio Bosque, y en el que se señala que "si se aplicaran las directrices propuestas en las guías de lenguaje no sexista en sus términos más estrictos, no se podría hablar".
Para explicar este tema, que entre crisis y demás cosas dejó de ser de actualidad, tenemos que volver unos tres años atrás en el tiempo. Si no todos, la mayoría recordamos aquella famosa polémica de los miembros y 'miembras' del Congreso de los Diputados. Dentro de una extendida corriente feminista, se habla de la sexualidad inherente en el lenguaje.

Nuestra sociedad desde el principio de los tiempos, o al menos así nos lo muestra la antropología, ha sido eminentemente machista. Prácticamente hasta el siglo XX, los derechos de las mujeres quedaban muy reducidos y esto se transmitía al lenguaje habitual.

Ahora, todas estas teorías son desparramadas por el suelo por quienes controlan la normativa oficial del idioma. Según ellos, no podrán aplicarse de una manera práctica y es que, hay que tener en cuenta, que el idioma no evoluciona a través de normas, sino mediante la práctica y el uso.

A pesar de ello, el tema del idioma termina convirtiéndose muchas veces, y más en nuestro país, en un tema político. La utilización de una parte de la cultura, por pequeña que sea, como arma política desvirtúa el debate y termina transformando una lengua, una cultura, en una especie de amor u odio irracional hacia esos valores.

En el tema de las lenguas en nuestro país, hasta hace unas décadas, era muy complicado. Cualquier idioma que no fuera el castellano estaba absolutamente prohibido, lo que eliminó la curiosidad y la necesidad de hablar otros idiomas, a pesar de recibir clases de ellos.

En mi último viaje, a Bélgica y Holanda, el fin de semana pasado, pude comprobar cómo muchos estudiantes españoles ayudan a poblar aquellas pequeñas ciudades muy cercanas entre sí. A estos estudiantes les cuesta aprender otros idiomas nuevos como el flamenco o el holandés, aunque se esfuerzan por hacerlo, ya que es la mejor manera de comunicarse allí.

Sin embargo, la gran diferencia se produce al invertir las tornas. Decenas de miles de estudiantes acuden a nuestro país cada año gracias a estas becas Erasmus pero no podemos decir que todos los estudiantes españoles aprendan francés, holandés, sueco o alemán. Eso sí, en Bélgica, incluso los taxistas podían soltar al menos un par de palabras en nuestro idioma.

Curiosidad, necesidad, facilidad. Son algunas de las variables que nos afectan a la hora de aprender un idioma. Está claro que, sin movernos de aquí, no tenemos una necesidad clara de hacerlo –tal vez sí con el inglés- aunque, si tenemos la oportunidad, deberíamos tener la curiosidad de aprender. Esta curiosidad es, a mi modo de ver, algo que parece muy difícil de recuperar y que no se conseguirá sin un sistema de educación de calidad y estable.

Alberto Órfão
Twitter: @a_orfao

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