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Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

Ciencia a largo plazo

Alfredo Pérez Rubalcaba se paseó por Salamanca ayer rodeado de toda la tropa socialista de Castilla y León. El acto principal tuvo lugar en el Centro de Investigación del Cáncer que, por si alguno todavía no lo sabe, se encuentra en el Campus Miguel de Unamuno de nuestra universidad. Una visita importante la del líder de la oposición no solo por dignarse a ir hasta allí sino por el tema que allí se trató: La ciencia.
La ciencia es algo de lo que parece que los políticos se habían olvidado en los últimos cuatro años, desde que estalló la crisis y también a ella, así como a la sanidad y a la educación, le están haciendo mella los recortes. Como ha afirmado el secretario general del PSOE: "Cuesta mucho crear un centro de investigación como este. Y cuesta muy poco perderlo."

Esta situación me quedó bastante clara el pasado miércoles cuando, con motivo del Día del Genoma Humano, la Fundación Genoma organizó la proyección de la película Gattaca - que recomiendo encarecidamente a cualquier amante, aunque mínimamente, de la ciencia-ficción -. Tras la proyección se produjo un interesante debate que pasó, entre otras cosas, por la relación de los medios con la ciencia, la relación de la población con la ciencia y, en definitiva, del componente político de la disciplina.

Si algo tienen claro los que se dedican a la investigación científica es que tienen que tener paciencia. Un descubrimiento, la creación de una nueva patente, de un nuevo medicamento o de una nueva tecnología lleva mucho tiempo y, generalmente, no se puede predecir. Podríamos resumirlo en que la ciencia nos da resultado a medio y largo plazo. Nunca a corto plazo.

¿Cuándo aparece el problema? Muy sencillo: cuando necesitamos resultados ya; aquí y ahora. En estos momentos a nuestra clase política en general parecen interesarle más los resultados a corto plazo (los del segundo trimestre del año, los ingresos y gastos del año 2012) que los que podamos obtener de aquí a cinco o diez años. Es lógico, por otra parte, ya que las facturas se tienen que pagar a fin de mes.

Sin embargo, la ciencia es como una obra de arte de un joven artista. En este momento el artista comienza a despuntar. Nosotros necesitamos dinero: tenemos dos opciones. Podemos tratar de "apretarnos el cinturón" en el día a día, comprar marcas blancas, comparar productos o también podemos vender esta obra de arte a un precio determinado. ¿Qué ocurre si seleccionamos esta última opción? Que nos quedamos sin la obra de arte. Una obra de arte que, probablemente, en apenas unos años (y ya no hablemos de décadas) se habrá revalorizado y tenga un valor -por ejemplo- tres veces superior.

Ese es el tipo de inversión científica. Es una inversión a largo plazo, que puede dar mejores o peores resultados en el día a día pero que, con el tiempo, nos demuestra que vale la pena, que es necesaria y que es lo que realmente nos hace avanzar.

Porque, si durante las dos décadas anteriores no se hubiera invertido en Investigación y Desarrollo, probablemente esta última semana no hubiéramos recibido la noticia de cómo entra el virus del SIDA en el Sistema Inmunitario. O tal vez sí la hubiéramos recibido, pero la diferencia es que sería a través de un científico americano, alemán, sudafricano o de la India.

Alberto Órfão
Twitter: @a_orfao

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