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Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

ÂżHospitalidad para los €˜guiris€™?

Justo antes de llegar a Madrid, he pasado por la ciudad de Londres. Capital de Inglaterra, además de muchos otros aspectos y tendencias, como un buen amigo bromeaba hace unos meses €œestá llena de guiris€. Una de las sensaciones que me han venido a la cabeza durante este viaje (ha sido mi primera visita a esta ciudad) es la de nuestra actitud hacia los turistas, en particular los ingleses.

Por lo general en España, aunque desde mi punto de vista, de forma más exagerada en Salamanca, nos creemos €˜mejores€™ que ellos. Sólo tenemos que pararnos a pensar en el término que utilizamos para describirles, un término -el de 'guiris'- a todas luces despectivo.

Al parecer, cuando todas estas personas se acercan tras recorrer distancias enormes hasta nuestra ciudad, la primera idea que se nos viene a la cabeza es reírnos de ellos. Ya sea por las €˜pintas€™ que llevan, por situaciones en que se ven implicadas o por el desfase psicológico y emocional en el entran cuando cae la noche y comienzan a beber, en muchas ocasiones no les tratamos con el respeto merecido.

En los países más pobres del mundo, la hospitalidad parece ser algo innato. Tal vez el hecho de poseer poco mueva al hombre a compartir lo poco que tiene, como poniendo algo de su parte para que la propia naturaleza, o esa misma persona, devuelvan de alguna manera ese esfuerzo. Nuestro país siempre se ha caracterizado por esa hospitalidad, o al menos eso ocurría unas décadas atrás, probablemente cuando muchos de nuestros antepasados se veían obligados a emigrar fuera.

Sin embargo, en estos últimos años nos hemos crecido. Hemos creído que teníamos más de lo que en realidad disponíamos, y, finalmente, hemos vuelto a caer -esta vez, desde una distancia más alta, lo que hace la caída mucho más dura-. Aunque muchos sí se dan cuenta, a la mayoría no nos importa (no tiene porque ocurrir esto siempre) lo que hagan o dejen de hacer los extranjeros-turistas con sus vidas.

Podemos tratar mal a alguien, no ser lo suficiente educados con él o incluso burlarnos y después justificarnos con un €œ!Que se hubiera quedado en casa!€.

Es cierto, podemos actuar así. Pero no es menos cierto que, ya que hemos vuelto a caer y ya no nos encontramos tan €˜a la altura€™ de otros países cercanos, podemos volver hacia esa hospitalidad característica. Una hospitalidad, que puede llamarse de muchas maneras y que, en ocasiones, se trata únicamente de respeto y tolerancia.

Hasta aquí, el plan parece bastante sencillito. Aún así, surge una nueva €˜excusa€™. €œÂżPor qué respetar yo, si cuando he estado allí me trataban peor que como me porto yo con ellos aquí?€ Pues bien, señores, llegamos a un punto en el que depende de cada uno. En mi opinión, termina siendo mucho más beneficioso el tratar bien a los demás, sin esperar nada a cambio, que esperar al mínimo fallo del contrario para lanzar un ataque que probablemente ya estuviera orquestado.

Esta mi opinión, es con respecto de cualquier aspecto vital. Si especificamos en la relación con personas de otros países o incluso dentro del propio país, de diferentes culturas, las claves se encuentran en una tolerancia y un respeto mínimos así como en un mínimo de curiosidad por conocer las diferencias entre una cultura y la otra, por parecidas que sean.

Y eso mismo, es lo que trato de hacer yo cada semana. Dos culturas muy parecidas, pero que, por motivos administrativos, han ido separándose a lo largo del tiempo y han creado unas diferencias mínimas, pero muy interesantes de comparar. Eso es todo por esta semana, que, espero, no se os haga muy larga.

En caso de dudas, ruegos, preguntas o sugerencias os invito a comentar a continuación aunque también podéis dirigiros a mi e-mail personal -alberto.orfao@gmail.com- o mi cuenta de Twitter: @a_orfao.

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