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Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

Asfixiados por una contaminación que no percibimos

La semana pasada Ecologistas en Acción publicó un informe acerca de La calidad del aire en el Estado español durante 2010. Según este informe, en torno a un 37% de la población se encontraría expuesta en exceso a alguna sustancia contaminante (partículas en suspensión, óxidos de nitrógeno, de azufre u ozono). Pero, sin duda, lo más llamativo es que hasta un 7% de la población -casi tres millones de personas- vive en zonas en las que el aire excede el límite legal de contaminantes.
El caso de Salamanca no es precisamente de los más preocupantes y no se acerca a los casos extremos de Zaragoza o Sevilla. Sin embargo, un dato que debería llamarnos la atención es nuestra situación en la ‘tabla de la contaminación’. El aire que respiramos los salmantinos presenta una concentración de partículas PM10 (generadas principalmente por un excesivo tráfico de vehículos) por metro cúbico de aire similar al madrileño.

¿Cómo es posible que una ciudad del tamaño de Salamanca presente este tipo de cifras? No es complicado averiguarlo. Nuestra ciudad tiene una filosofía, en general, muy automovilística. Me explico: incluso personas que disfrutan de una cómoda vivienda en zonas céntricas utilizan el coche. ¿A qué se debe esto? En mi opinión, una de las razones principales la encontramos en el estado del transporte público.

Mientras algunos centraban gran parte de sus esfuerzos en planes ridículos como la creación de un tranvía en nuestra ciudad algunas localidades adyacentes y que, para algunos, forman parte del tejido urbano, ‘disfrutaban’ de esperas de hasta dos y cuatro horas entre autobús y autobús. Ante esas expectativas, un chaval que pretende ver a sus amigos del colegio cada fin de semana termina cansándose. Desea un coche con todas sus fuerzas, para así poder elegir su propio horario.

Como afirmaba Teresa Ribera, secretaria de Estado de Cambio Climático, en declaraciones a El País el pasado miércoles “existe una monodependencia del vehículo”. Existen muchas soluciones en la lucha contra la contaminación. Algunas son más complicadas, requieren una mayor inversión y pueden resultar incluso impopulares entre algunos sectores más conservadores. Sin embargo, hay que ser firmes en temas como este que, si bien no nos afectan directamente, son causa de unas 20.000 muertes solo en nuestro país.

Medir la contaminación es complicado, lo que impide anunciar la mejora o el empeoramiento de la situación con mucha rapidez. Sin embargo, y siendo este uno de los aspectos en que deberíamos fijar la vista, existen otros métodos con los que colaborar al bien común.

Por parte de los ciudadanos, no es complicado –y menos en una ciudad de menor tamaño como la nuestra- utilizar con menor frecuencia el coche si no se trata de un caso de extrema necesidad. A pesar de los conocidos desniveles, que echan atrás a más de uno, también hay que fijarse en el lado positivo; no solo estaremos haciendo nuestro ambiente mucho más saludable sino que, al mismo tiempo, haremos ese ejercicio que tanta pereza nos daba.

Por parte de las instituciones deberían darse algunos pasos más importantes. El coche eléctrico aún no ha logrado despegar en nuestro país (algunos modelos apenas alcanzan las dos cifras en ventas) y las subvenciones, en esta época de crisis, tampoco son excesivas. Sin embargo, en muchas ciudades –entre las que quiero incluir a Salamanca- se está optando por una política de promoción del ciclismo como modo de transporte.

Kilómetros de carril-bici, junto al alquiler de bicicletas propiedad del ayuntamiento, están haciendo que muchas personas den un paso adelante y cambien su modo de vida. Algunos de los ejemplos a seguir, en este aspecto, serían en mi opinión las políticas ‘verdes’ de Sevilla o Vitoria. En concreto en esta última se hace realmente agradable a la vista el pasear continuo de bicicletas -un 7% de su población las utiliza como medio de transporte-.

Yo espero, sinceramente, que algún día podamos también estar orgullosos de alcanzar a estas ciudades en esa clasificación. La contaminación será menor; el ahorro, considerable y; el aspecto de la ciudad, de cara al público, mejorará sin duda.

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