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Tras los Cristales

Antonio Casas
@casassimon

Por una educación pública de calidad

La educación es el instrumento democratizador más potente del que se puede dotar una sociedad, pero la Ley Wert busca revertir esta realidad atacando al principio de la igualdad de oportunidades. 

La comunidad educativa de todo el país ha respondido a la LOMCE, o más conocida como Ley Wert, con una huelga en el sector. Alumnos, padres, estudiantes y la sociedad en general han mostrado una seria contestación a esta ley educativa. Las razones para la huelga son sobradas, y están ligadas a los recortes de derechos y el ajuste ideológico que el PP está practicando desde su llegada al gobierno en 2011.

 

Para darse cuenta de que no es una buena ley basta con leer el preámbulo de la misma y ver como plantea el gobierno, de un modo ideológico, una visión reaccionaria de la educación que se ve desarrollada en su articulado, y que se puede resumir, entre otros en algunos hechos como los siguientes.

 

1.     A diferencia de anteriores leyes de educación, en ningún momento se trata a la educación como un elemento democratizador de la sociedad, como un instrumento para dotar a todos los individuos de una necesaria igualdad de oportunidades, no sólo para el desarrollo personal, sino además para el desarrollo de toda la sociedad, de un modo igualitario y cooperativo.

2.     Esconde bajo el paraguas de la libertad de los padres para elegir la educación de sus hijos un anhelo de la derecha ideológica, y no es otro que el derecho de los centros para elegir a las familias que quieren educar en sus aulas. Además, esa teórica libertad es ficticia, porque es imposible proporcionar a cualquier niño la educación que sus padres elijan. Por ejemplo, en el medio rural no se puede elegir, sin coste para las familias, una educación diferenciada si los padres así lo quisieran. Entonces, ¿qué libertad se está fomentando?

3.     La consideración de la religión como una asignatura más, computable y que contará como las matemáticas o la lengua para hacer una media. Es decir, la nota de la religión contará como otra cualquiera a la hora de, por ejemplo, optar a una beca.

 

Esto es solo un ejemplo de lo que esta ley propone, que no es otra cosa que acabar con el concepto de educación pública, gratuita y de calidad, de la mejor calidad.

 

La educación debe ser un elemento cohesionador de la sociedad que fomente la igualdad y la solidaridad. Debe proporcionar una oportunidad a todos por igual, atendiendo a quienes más dificultades tengan y ayudarles a progresar como personas y miembros de una sociedad. La educación es un derecho del individuo y el estado debe prestar este servicio con la mejor calidad.  

 

La educación, como el resto de servicios públicos, hay que medirlos con la vara de la rentabilidad social y no la rentabilidad económica, y sólo de esa manera, con ciudadanos formados y con pensamiento crítico, conseguiremos una sociedad avanzada.

 

Mi apoyo para quienes hacen huelga y mi más absoluto rechazo a esta ley injusta que se basa en principios ideológicos reaccionarios que buscan adelgazar la educación pública.

 

Por una educación pública y de calidad. 

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