Fernando sanchez original

Territorio Pyme

Fernando Sánchez Salinero
Empresas al borde de un ataque de nervios

€œLos mercados€ eres tú

€œÂżQué es poesía?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. !Qué es poesía! ÂżY tú me lo preguntas? Poesía eres tú€. Bécquer

Vivimos en un país de demagogia y pandereta, donde hablar de responsabilidad individual te convierte en anatema y reír gracias te granjea popularidad. Se buscan continuamente culpables para encontrar excusas y así no encarar la realidad, el que mejor encuentra culpables gana elecciones. Los mercados, Âżquiénes son los mercados? llevan recibiendo leña unos años. Pero es que €œlos mercados€ eres TÚ.

ÂżQué es esto de los mercados? Pongamos un ejemplo que deshaga la madeja demagógica.

Supongamos a un señor que se llame €œPepe Normal de Todo€. Trabaja, ahorra un poquito, por si acaso, y pretende jubilarse en algún momento, para que la muerte no le sorprenda viejecito y en el tajo.

ÂżCómo ahorra Pepe Normal de Todo? Pues mete sus durillos en un banco y cotiza a la seguridad social, incluso, si es un avanzado, a lo mejor tiene un plan de pensiones. Espera que ese dinero se revalorice algo, pero, sobre todo, que cuando lo necesite se lo den.

ÂżQuién gestiona ese dinero? Un vecino que vamos a llamar €œJuan Mercatus€ (por elegir un nombre al azar ;-) ). Juan sabe que la inflación deprecia el valor del dinero, por lo que tiene que invertir esos ahorros que le han dejado Pepe en algo un poco más rentable que el interés que Juan da a Pepe, para sacarse un sueldecito.

Puede hacer muchas cosas, pero una poco complicada es prestárselo a los gobiernos de los países, para que vayan pagando sus cuentas. Tiene que elegir entre dos países: Derrochonia y Austerilandia.

Pepe Normal le ha dicho a Juan Mercatus que antes de dejar dinero a nadie se informe un poquito de si lo van a devolver. ÂżLógico, no?

Juan va de viaje a Derrochonia y ve que la gente vive muy bien, sorprendentemente bien, y que se forran especulando con los pisos, con prestaciones que muchas veces encubren fraudes y con una administración sobredimensionada que alberga un sistema caciquil político, que sirve para que todo el mundo se calle, porque todo el mundo pilla algo. Juan, que ha estudiado en Salamanca, se sorprende y trata de averiguar cómo se paga todo eso y, hete aquí, que lo hacen pidiendo dinero prestado a gente como Juan Mercatus, con lo que pagan este esquema insostenible, más los intereses de otros prestamistas que les dejaron dinero en el pasado.

Cada vez tienen que pedir más, simplemente porque los gastos crecen y las deudas cada vez son más pesadas. Cuando se reúnen con Juan le ofrecen pagarle un tipo de interés muy alto, con lo que su sueldecito y la rentabilidad de Pepe serían muy buenas.

Un poco extrañado se va a Austerilandia. Allí ve a la gente currando y tratando de competir con otros países, viven más ajustados de presupuesto que los anteriores, pero con un nivel digno y aceptable. Examina sus cuentas y ve que el peso de los intereses les permite afrontar otros gastos e inversiones. Le gusta lo que ve, pero descubre que el interés que pagan es mucho más bajo. Y aquí viene el dilema.

Como Juan Mercatus está dudando, Derrochonia le ofrece un tipo de interés cada vez más alto. Señal de que otros prestamistas ya no se fían.

Y, Âżpor qué no se fían? Porque ven que la pasta que le dejan, en vez de utilizarla para invertir inteligentemente, se utiliza para mantener la red clientelar y el trinque. Además lo que más le alarma es que los dirigentes y los apesebrados de los dirigentes están haciendo unas declaraciones un tanto extrañas: €œLa culpa de nuestra situación es de Juan Mercatus que quiere especular con nuestra situación€ €œSu ambición no tiene límites€ €œAlguien tendrá que parar los pies a Mercatus€Ś€.

Juan Mercatus se tiene que tomar un café para intentar entenderlos. €œVamos, que lo quieren es que les dé el dinero, para despilfarrarlo, y que dentro de un año digan que no pueden pagar, hagan un default (que debe ser muy malo, por lo mal que suena), y me quede sin dinero e insultado. No colega, no€.

La demagogia y la pandereta te pueden servir para ganar elecciones, pero no para engañarnos a los que hemos estudiado matemáticas €“replica indignado-.

Entonces Pepe Normal de Todo va a visitar a Juan Mercatus alarmado ante lo que la propaganda no cesa de repetir: que Juan es malo, malo, malo.

Entonces Juan le explica a Pepe que lo que pretenden es que SÚ dinero (de Pepe), se lo entreguen a unos descerebrados sin escrúpulos para que lo hagan desaparecer. Y, entonces, se quede sin su pasta. Le cuenta que los finlandeses dicen que en vez de pedir dinero sería más conveniente que los griegos se pusieran a trabajar, en vez de hacer trampas con las pensiones de invalidez, jubilación, paro€Ś que cuando ellos se jubilen quieren tener SU dinero.

Juan le dice. Pepe no te engañes, yo no soy nadie. Yo gestiono tu futuro. Cuando veas que alguien insulta a Juan Mercatus, lo que quiere es TU DINERO, y Âżtú le prestarías dinero al gobierno de Grecia? Tu dinero, sí tu dinero, el tuyo.

Pepe retrocedió espantado.

ÂżY a Derrochonia? Pepe dio un nuevo paso atrás.

ÂżY a España? Pepe estaba desconcertado.

Pepe, Pepe. ÂżQué son los mercados? Dices mientras clavas en mi pupila, tu pupila azul. !Qué son los mercados! ÂżY tú me lo preguntas? Los mercados eres TÚ.

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