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Andrés Miguel

Cuestión de Estado… de ánimo

Muchos compartimos un cierto estado de ánimo, una misma decepción, un mismo rechazo, a veces un idéntico hastío ante ciertas noticias de actualidad. ¿No creen?

http://www.tribunavalladolid.com/noticias/detenido-el-ex-secretario-general-del-pp-de-madrid-francisco-granados-por-corrupcion/1414400815

 

Las circunstancias de la vida son tan diversas como desiguales somos quienes habitamos la tierra. Quizás los humanos seamos capaces de vivir experiencias similares, jamás idénticas, ante un mismo impacto. Quizás los humanos tengamos percepciones análogas cuando tomamos parte de una misma acción, ya sea ésta asistir a un partido de fútbol, bailar en una boda o participar en la carrera contra el cáncer. Sin embargo, Análogo no es Idéntico. No lo es cuando compartimos una situación de éxito, un tiempo memorable de felicidad o de acierto y, tampoco, cuando el contexto por el que nos conducimos es de calamidad, de ruina o de desesperanza. En modo alguno.

 

Diría que, en estos días, la gran mayoría de los españoles tenemos percepciones semejantes al respecto de la noticia que encabeza este artículo.

 

En alguno de sus párrafos podemos leer: ”la detención del ex secretario general del PP Madrid, Francisco Granados, se ha producido en el marco de una macro operación contra la corrupción municipal que se ha saldado con 51 detenidos en Madrid, Valencia, León y Murcia”. “El Ministerio Público habla de una trama de corrupción municipal y regional infiltrada en varios ayuntamientos y autonomías con la connivencia de ediles municipales, funcionarios, empresarios de constructoras, obras y servicios energéticos".

 

Mucho me temo que esa misma mayoría de españoles da por perdida esta batalla; resumiendo, en nuestro país no hay redada anticorrupción que acabe con esta práctica. Siendo así, muchos compartimos un cierto estado de ánimo, una misma decepción, un mismo rechazo, a veces un idéntico hastío.

 

Recientemente he aprendido que cualquiera de nosotros puede diseñar su propio estado de ánimo. Eso me resultó impactante. Yo, como muchos otros, suelo tender a responsabilizar a los demás de mi estado de ánimo. Pongo el foco de lo que me está pasando, de lo que siento, en aquello que hacen otros y no en lo que hago yo. Quizás esté cometiendo un error. Está por ver.

 

Sin embargo, esta nueva percepción abre múltiples posibilidades a lo que unos y otros podemos hacer para experimentar no sólo emociones distintas, sino también papeles diferentes  a aquellos que estamos acostumbrados a representar.

 

Percibo que, como sociedad, hemos perdido la fe en la clase política y no me es ajeno que razones más que suficientes nos dan cada día para ello. No es nuevo. También en otros ámbitos hemos perdido la fe en las personas (así  en el trabajo, por ejemplo, es ciertamente común escuchar que no queda un jefe bueno, y es bien posible que muchos de ellos nos regalen múltiples razones cada día para corroborarlo). Ante estas “realidades”, la respuesta social ha tendido hacia la desconfianza, el descreimiento, la pasividad e, incluso, en no pocas ocasiones, hacia una descontrolada  agresividad.

 

Tanto sinvergüenza junto, vampirizando lo que a muchos de nosotros tanto nos cuesta generar, nos ha sumido en un paupérrimo estado de ánimo.

 

La buena noticia sería que disponemos de las herramientas necesarias para cambiarlo. Nosotros somos cada una de esas herramientas. Que decidamos tomar partido en aquellas estructuras de las que participamos, que nos adentremos en otras con intenciones renovadoras, que compartamos, siendo ejemplo,  valores perdidos (como el verdadero servicio público o la honestidad, sin ir más lejos), que nos convirtamos, en fin, en parte activa de la regeneración con amplitud de miras es el camino para arranchar este navío, para acomodar las cosas a bordo y enfrentar la marejada, para armar el barco y alcanzar mejor destino.

 

Si esperamos cambiar nuestro estado de ánimo solo votando… vamos listos.

 

Si toda nuestra participación se reduce a introducir una papeleta en una urna, seguiremos situando en los otros el origen de nuestro estado de ánimo…

 

Poco habremos aprendido.

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