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Andrés Miguel

Análisis clínicos

Esta semana me he dejao la sangre por la empresa. Dirás que es una forma de hablar, pero de eso nada, literalmente… ¡me ha tocado pasar los análisis clínicos!, sí, esos análisis que la empresa nos hace pa´comprobar que podemos seguir aguantando garrotazos el tiempo suficiente como pa´seguir dando beneficios, sin perjuicio excesivo para nuestra salud.

 

Te lo cuento: Pa´no guardar mucha cola, voy de madrugada al matadero, también conocido como Laboratorio de Análisis Clínicos, me registro debidamente, firmo el consentimiento pa´que me agujereen sin remordimientos y me siento en una sala que se va llenando rápidamente a esperar a que me llamen. Sale un carnicero, pronuncia mi nombre y el de otro corderillo y se me vienen los siete males… ya voy… No sé qué coño hacer con la trenka, dónde la cuelgo, déjela ahí sobre esa mesa, siéntese… me tiemblan las piernas… joer qué remusguillo más malo...

 

Oigo que le dicen al corderillo… “¿No ha traído la muestra de orina? Joer… otro inútil… Vaya al baño y llene esto”… y le largan una bolsita cerrada herméticamente que lleva dentro un vasito de plástico y un tubito.

 

Yo, que de esto sé la tira, ya he realizado la operación en casa… llenas el vaso, lo traspasas al tubito, lo cierras bien y punto pelota… Aquí la mía, digo orgulloso, y la enseño, bien envuelta en papel de aluminio, pa´que se mantenga intacta la destilación de las cañas de cerveza y el Salvueros que me he trabajado duramente esta semana…

 

Mientras miro pa´otro lado cuando se me acerca el carnicero con la jeringuilla y me la clava en la vena como un jesulín de tres al cuarto, veo que viene el pardillo con el tubito en una mano, lleno de un líquido amarillo tirando a cobrizo, y el vaso hasta arriba, igual de amarillo, en la otra, haciendo eses por todo el pasillo, esquivando al resto del rebaño pa´no derramar ni una gota…

 

¡Ay mi madre! Pienso pa´mí… este tío ha estado haciendo puntería en el baño pa´meter… ya me entiendes en el tubito y cuando se le ha llenado, ha echado el resto en el vaso, ¡como si lo estuviera viendo!…

 

¿¡¡¡ Pero dónde coño va con eso, animal !!!? Le grita una “azafata”… ¡que sólo hace falta el tubito! ¿Pero es que no hay nadie normal en esta mierda de pueblo?

 

Y el pardillo, nerviosito perdido, colorao como un tomate, que no ve el momento de que se lo trague la tierra, no sabe qué hacer con el puñetero vaso, lleno de orines hasta arriba… va y se lo mete de un trago… que, digo yo, que le supo tan rico… a él… gilipollas… porque a mí todavía me dan arcadas… y me acuerdo mucho de su familia porque el carnicero, que no salía de su asombro ante semejante poltergeist, se agarró bien fuerte a la jeringuilla y me traspasó el cúbito… la madre que lo parió… A una empleada de Zara que estaba allí también con la jeringuilla puesta todavía la están haciendo RCPs, pues del pasmo que le dio aún no ha recuperado el pulso… me da que no sale de ésta…

 

No sé cómo acabó todo aquello porque me largué de allí echando leches, en una ambulancia del Samur, y no me bajé hasta que me hizo efecto el Primperan… ¡seis litros me trinqué yo solito!

 

No obstante, pese a esta traumática experiencia, he de reconocer que hacer un pis es una de las siete Maravillas del Mundo. Le tengo mucho respeto al Coliseo y a todas las piedras esas, amontonadas y medio rotas, de Egipto, pero como hacer un pis cuando estalla la vejiga no hay nada en el universo que se le parezca; bueno, puede que el sexo, pero yo no lo puedo asegurar del todo porque me eduqué con la Enciclopedia Álvarez y allí ponía que eso de lo carnal era sólo para procrear, vamos, una obligación cristiana… y ya se sabe que lo que es obligación no se disfruta igual… ¡qué cosas!

 

Eh, no te hagas el remilgao, así como que a ti no te ha pasado (salvo que seas una de mis lectoras) que te conozco… no me digas que nunca has tenido que entrar a toda leche en un bar, mientras te agarrabas la colilla por fuera del pantalón y pedías un café a la carrera, como disimulando (que el camarero no entiende si le has dicho “café con leche” o “cagüen la leche”), te has puesto frente al urinario, como bailando el gangnam style, epiléptico perdido, ¡precisamente el día que llevas los vaqueros de botones!, que no te aguantas más, tiras del pantalón como si tuviera cremallera, se salta un botón y cae justo en el agujerito, en medio de un líquido asqueroso en el que flotan dos o tres cigarrillos y un chicle…  te sacas el artilugio como puedes mientras te preguntas por qué de esa manía tuya de pillarte la camisa en los calzoncillos hasta en verano, y ya… ¡por fin!... Buaaaaaaa!!!! Qué gustazo!!!!!  Qué río tan bonito!!!!

 

Vale que las has pasao canutas, vale que con el baile san Vito has echao la mitad fuera, regando también los tiestos de la repisa… ¡pero lo que se disfruta en ese momentito, eh!... no me digas… ni votando al de Podemos te vas a quedar tan a gusto.

 

Bueno, me lo han dicho… porque a mí sí que no me ha pasao nunca, que lo sé de oídas…

 

Por cierto, un inciso… no vaya a parecerte que este no es un artículo de opinión… ahora que hablamos del de Podemos… y digo yo… Si la novia de Pablo Iglesias trincó 50.000 maravedís del ala, vendiendo un piso de protección oficial y luego le invitó a cenar pa´celebrarlo, ¿podríamos decir que el Coletas es “partícipe a título lucrativo”?

 

En fin, voy terminando, que tengo prisa… ¿Dónde coño está aquí el baño, Félix Ángel… cagüenmismuelas…?

 

¡Felices fiestas!

 

 

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