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Andrés Miguel

Accidente en el Paseo de Zorrilla

Conducía yo de vuelta a casa tras el trabajo y me encontré con un atasco memorable en el Paseo de Zorrilla. No serían más allá de las tres y cuarto de la tarde y, aunque a esa hora suele haber un cierto tráfico en todos los carriles de esa vía, no había sufrido una retención de este calibre nunca.

 

 

Imaginé que algún vehículo municipal estaría ocupando parte de la vía, ahora que están reparando las medianas, qué sé yo, quizás descargando bordillos, quizás cargado de petunias pa´los tiestos esos enormes y grises que han ido colocando a todo lo largo del Paseo, mientras 3 ó 4 funcionarios se apresuraban en plantarlas, haciendo juegos de colores y dibujitos.

 

Pues no, de eso nada. El causante del atasco era, una vez más, un accidente de circulación. Se me ponen los pelos de punta cuando lo veo, cuando empiezo a distinguirlo aunque sea a 500 metros, no lo puedo evitar. Enseguida me acuerdo de mis seres queridos, de mis amigos, y ruego a Dios que ninguno de ellos se haya visto envuelto. En esta época que vivimos, igual un coche se lleva por delante a un motorista, que a un peatón, que se empotra contra un panzer de Auvasa. Lamentablemente, nadie puede decir con total certeza que esté libre de sufrir un atropello.

 

En ocasiones, de tanto efecto que me causa este tipo de accidentes, desvío la mirada al pasar a su altura, pues no quiero que me quede el recuerdo en la memoria y me vuelva cualquier noche, como un reflujo ácido, impidiéndome dormir.

 

En este caso no pude desviar la mirada, qué coño. Allí mismo, en medio del cruce de García Morato, había dos tíos enzarzados en una pelea de tal forma, que ni una brigada de municipales podían separarlos.

 

Cuando hay pelea muchas veces es mejor largarse, no vayas a llevarte cuatro mamporros sin venir a cuento, pero como iba en el coche no me preocupó que pasásemos al lado del cuadrilátero.

 

Casi me da un pasmo cuando reconocí a los púgiles… ¡que me aspen si no eran 2 políticos de esos que se han quedado ahora sin escaño y sin cartera! ¡Manda huevos! No han podido superar el síndrome del coche oficial. Acababan, los pobres, de coger su coche por primera vez en 20 años y se les habían olvidado hasta las señales. Me cuentan que anteayer otro se llevó por delante un bolardo y se bajó del coche gritando: “¿Pero quién coño ha puesto eso ahí?”.

 

¡No me jod….! ¿Pero es que no deberían pasar antes por un período de abstinencia y aprobar después un examen como hacen esos a los que les quitan los puntos? ¡Cómo se nota que en España falta legislación y buen sentido!

 

Digo yo, ¿pero es que no van a ayudar los de Podemos a estos parias de la política, a estos desahuciados del cargo público? ¿Pero no habían dicho que se iban a encargar, lo primerito, de todo eso de los desahucios? ¿Y qué son estos? ¿Pero es que, acaso, no es un mal trago de morirse, mucho peor que un desahucio, que, después de 20 años, te quedes sin el chófer, sin la visa oro pa´jalar en La Parrilla y sin los abrazos y besos de los constructores y las secretarias?

 

¡Hombre por Dios, un poco de corazón, Pablo Iglesias! Y es que, en lugar de ayudar a estos pobres hombres, veo que el Tripartito, por fastidiar, va a acabar obligándoles a que coloquen en sus vehículos una señal identificativa, en fosforito, pa´que los demás conductores, al descubrirlos, extrememos las precauciones y nos meemos de la risa.

 

Sra. Chávez, Sr. Puente, Sr. Saravia… no hace falta meter más el dedo ni hurgar más en la herida. Alguno de ustedes, acostumbrado a perder, quizás ya sea inmune, pero perder duele. Por muy fiero que sea el León, perder escuece.

 

Pero más les vale  no dormirse en los laureles, porque esta manada volverá al ataque… o ¿creen ustedes. que, en menos de un año, estarán colocados todos en Ibertrola o en la Confederación de Aguas Menores de los Veteranos Legionarios, como consejeros áulicos de algún gerifalte?

 

¡De eso nada!

 

Aquí, en la seca Castilla, hay políticos de raza, duros, fuertes, resistentes, de esos que no sólo están cuando se gobierna, de esos que no le tienen apego a la silla, de esos que aguantan en la oposición cuando se pierde, fieles a sus votantes, a las duras y a las maduras, en la salud y en la enfermedad, como en los matrimonios, de esos que no abandonan el barco cuando éste hace aguas. ¡Ya verán! ¡Ya verán!

 

Joer… A ver si viene de una puñetera vez la ambulancia, porque me he empotrao en el Moka y debo de estar desvariando…

 

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