Silueta maria enrique original

Sin mordazas

María García y Enrique De Santiago
El blog en formato de dúo dialéctico de María García y Enrique de Santiago

11 M

En la conmemoración del trágico atentado terrorista de Madrid, Enrique Santiago y María García recuerdan con viveza cómo vivieron aquellos momentos y qué poso han dejado en la sociedad española. 

 

Enrique:

 

La semana pasada, sin sonido, sin ruido, sin grandes alharacas recordábamos el terrible atentado del 11-M. El atentado más sangriento y brutal de toda la democracia y que ha supuesto un antes y un después en el terrorismo nacional, y podríamos decir que internacional.

Con profunda pena, se observa cómo alguna izquierda no hace más que mirar al pasado histórico de la dictadura, pero no quiere recordar la auténtica y profunda brecha que se abrió con el 11-M y los reiterados intentos de acallar a las víctimas con la existencia de versiones oficiales y versiones conspirativas, cuando sólo debía de existir el ánimo y la voluntad cierta de conocer la verdad.

 

Maria

 

El día 11 se rindió homenaje a las 193 víctimas mortales de los atentados terroristas de marzo 2004, un ataque sangriento y brutal que toda la sociedad condenamos sin fisuras, con una posición muy clara de la izquierda contra el terrorismo, venga de donde venga, de ETA o del Islamismo, dicho esto, es injusto que se nos tache a la izquierda de mirar para otro lado por el hecho de pedir la verdad y revelarnos contra la indignante manipulación del Gobierno de Aznar que  intentaba atribuir la matanza a ETA para obtener rendimientos electorales, en un momento tan difícil para las víctimas, familiares y el conjunto de la sociedad. Eso lo hace un Gobierno de derechas que cree tener el patrimonio del patriotismo y la verdad. Un acto mezquino.

 

Pero lo mejor de este acto ha sido que, por primera vez, las cuatro asociaciones de víctimas se han puesto de acuerdo y han acudido unidas al acto, creo que es una buena lección para todos.

 

Enrique:

 

El 11-M, cuando aún no se sabía qué pasaba, tuve la osadía de colgar en mi despacho una bandera nacional con un crespón negro, en homenaje a las víctimas. En ese mismo momento, compañeros y amigos míos de izquierda, me tildaron de manipular las elecciones a favor del PP y de utilizar a las víctimas.

 

Te juro que ni pretendía una cosa, ni la otra, sino sólo expresar el dolor de un País ante dicha barbaridad.   

 

Pocas horas más tarde, se iniciaba la teoría de la manipulación del PP y del islamismo radical como responsable. Dejé la bandera, pues el sentir era exactamente el mismo, y cuál no fue mi sorpresa cuando al día siguiente la habían arrancado desde la calle y la habían quemado unos metros más adelante de mi despacho.

 

Maria

 

En estas situaciones tan terribles, hay personas que sacan a flote sus instintos más primarios, sobre todo a la hora de demostrar su indignación, confunden y mezclan sentimientos que nada tiene que ver con el patriotismo. Respeto, como no puede ser de otra forma, a las personas que consideran necesario colgar banderas y crespones negros para demostrar sus sentimientos, y nadie tiene derecho a destruir o insultar, pues la intolerancia, muchas veces, es producto de la ignorancia, sin olvidar que en este país el uso partidista de bandera nacional ha sido una desafortunada, norma común de la derecha, como si solo estos tuvieran la patente de patriotas, pero de igual manera hay que pedir respeto al que no necesita emblemas y demostraciones externas para sentir profundamente los hechos acontecidos. El concepto de patriota suele estar mal empleado, si bien es cierto que es un sentimiento hacia la patria, no lo es que sea patrimonio de ninguna ideología y, desde mi punto de vista, tiene más que ver con la solidaridad y el bien común que con la intolerancia.

 

 

Enrique:

 

Estoy cansado de escuchar que clamar por una investigación concienzuda de la realidad es una actitud conspirativa, pero me gustaría que se contestasen las dudas que sobre el caso se ciernen y, sobre todo, sufren las víctimas.

 

Es importante cerrar las heridas de la guerra civil, y estar abriéndolas y reabriéndolas no es bueno; pero, más importante aún es que las heridas abiertas en tiempos cercanos no se enquisten, se mantengan abiertas y no se superen. Para su superación, es preciso que, sin apriorismos, sin usos bastardos en contra de unos u otros, nos acerquemos a la verdad sin dejar puertas abiertas y dando a las víctimas su total satisfacción.

 

Sin acusar de conspiraciones, ni crear conspiraciones, sin que unos y otros, que hicieron un uso repugnante de las víctimas con las que ganar unas elecciones generales, sigan manipulando o evitando que reluzca la verdad o resolviendo todas las dudas.

 

María

 

Respecto al 11M, la sentencia que dicto el juez Javier Gómez Bermúdez, ha servido para conocer toda la verdad, y dejar claro que no tenía nada que ver la versión manipulada del Gobierno Aznar. Fue una célula islamista sin conexión con la banda terrorista ETA ,y se condenaron a los culpables. Eso no quiere decir que no se condenen los actos terroristas de ETA, todo lo contrario con la misma contundencia.

 

Sobre las víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura, es un tema sin resolver, quedan más de cien mil desaparecidos enterrados en tapias de cementerios, bosques y cunetas de carreteras, las familias solo piden recuperar sus restos y enterrarlos con dignidad, pero desgraciadamente para ellos no hay justicia y el Gobierno de Rajoy ha suspendido todas las dotación presupuestaria para la exhumación de sus cuerpos.

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